...Del Principio y De Mi Principio...

Quiero dejar en el aire un grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oído. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que TODOS somos los mejores.

15 de junio de 2006

SOBRE LA IDENTIDAD

¿Por qué vivimos pendientes de la identidad? ¿No estamos fijándonos contínuamente en lo que hacen los demás? ¿No nos preocupa tener una viga en el ojo que nos impida ver correctamente la paja en el de los otros?

¿A qué cuento viene esto? Pues intentaré aclararlo.

En esta Salamanca nuestra, desde siempre, hemos carecido de una clara identidad. No somos castellanos,...pero tampoco somos leoneses. Casi todos nuestros grandes hombres, los salmantinos ilustres, han sido siempre “adoptados”, desde el obispo Jerónimo hasta el rector Unamuno, pasando por los grandes Padres del Concilio de Trento. ¿Por qué? Porque Salamanca, en la raya, como zona de transición y repoblación, siempre ha bebido en fuentes ajenas. A esto contribuyó, desde el principio, desde hace ochocientos años, nuestra querida (y al tiempo denostada) Universidad. El Alma Mater ha sido faro atractor de generaciones y generaciones de personas y personajes que han traido sus costumbres para amalgamarlas en este crisol de humanidad. Así, y lo dice alguien que también ha venido de fuera, aunque salmantino adoptado y charro lígrimo, al tener estas costumbres desde casi el orígen de la ciudad, nunca hemos tenido sensación de identidad y hemos dejado que el secular discurrir de la historia haya pasado a nuestro través absorbiendo (o más bien dejando que se nos pegase) todo lo atractivo de fuera.

Y si esto es lo que ha pasado en la generalidad ciudadana, ¿por qué voy a dejar fuera a la Semana Santa? ¡¡Tenemos una Semana Santa carente de identidad!!

No obstante, siempre hemos intentado “absorber” del exterior.

Cuando las comunicaciones eran algo extraño y complicado, se copió lo más cercano. Con ello, “lo zamorano” era lo que mejor nos iba: castellano austero y además... económico. Porque, siendo sincero, no hemos copiado lo mejor, sino que, desde nuestros escasísimos presupuestos, excepto en la Vera-Cruz de sus mejores tiempos (siglos XVII-XVIII), hemos tenido que asimilar lo más económico. De ahí, las simples mesas de principios del XX, las imágenes de cartón-piedra o los pasos de contrachapado y moldura de plastón. Nuestros recursos, siempre al límite, hacían (y siguen haciendo) que aun envidiando lo mejor de cada casa, tuviéramos que conformarnos con “lo que hay”.

Pero, no puedo creerme que esto sea lo que queremos. No en esta Salamanca barroca por excelencia hasta lo más extremo de recargamiento. Ciudad “feudo” de los Churriguera y, por tanto, de lo “Churrigueresco”, en la que lo más clásico de nuestra Semana Santa respira barroquismo por doquier. En la que el Nazareno de San Julián es maravillosamente barroco. En la que las mejores imágenes de la Vera Cruz son extraordinaria y retorcidamente barrocas. Y, ahora, en que nuestras comunicaciones peninsulares mejoran, casi todos nosotros (y que levante la mano el que no lo haya hecho nunca) miramos hacia el nuevo barroco, hacia la opulencia de lo groseramente barroco, hacia las fuertes economías admiradas por todos, hacia: Sevilla. Sí. Es cierto. Todos volvemos la vista a la Semana Santa sevillana, aunque no todos podamos “absorber” lo que esa Semana Santa desprende. Y, tal cual ocurría antaño con Zamora, ocurre hogaño con Sevilla: no copiamos lo mejor sino que copiamos lo que podemos. ¡Seguimos copiando lo barato! No podemos asumir el coste de recargados pasos en plata o maderas nobles, pero los imitamos hasta donde podemos. No podemos asumir bordados y orfebrería de excelencia en insignias y ornamentos, pero los imitamos hasta donde podemos. No podemos asumir el coste de músicas rimbombantes, pero las imitamos hasta donde podemos. Jamás hemos sabido lo que es una “Estación de Penitencia”, pero la imitamos hasta donde podemos... y además, con la tremenda suerte de que esto sea completamente asumible por nuestra economía, aunque carezca de sentido histórico. Sé que hay quienes ahora justifican, desde la “liturgia” fundamentalmente, la necesidad histórica de atravesar las naves catedralicias. Pero, aparte de lo estético (“sevillanísticamente” hablando), ¿tiene justificación? ¿sabemos de su justificación original?

Creo que, los practicantes, llevamos haciendo “estación” toda la vida, pues la exposición del Santísimo es permanente en todas nuestras iglesias y, que yo sepa, ninguno de nuestros pasos sale de una nave guardapasos. Creo que, los no practicantes, no van a hacer una “estación” en su vida, pues la exposición y adoración del Santísimo les trae al pairo. Pero, sí se que, en la calle, todos, practicantes o no, hacemos nuestra “estación”; todos cumplimos con nuestra misión catequética (aunque lo ignoremos) y, en esos momentos, no debemos sentir ninguna “necesidad” más. El resto es parafernalia, ¡nos digan lo que nos digan!

En fin. Volviendo al origen de esta reflexión, mantengo que en Salamanca carecemos de identidad. O, si queremos dar la vuelta a la misma, en Salamanca intentamos asumir distintas identidades. Y no me parece mal, pero hagámoslo con tiento. Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Que todo lo que importemos sea de suficiente calidad como para ser digno de pasear por nuestras barrocas calles y plazas. Que la calidad impere sobre la “austeridad”. Que nos sintamos orgullosos de lo que tenemos, miremos al norte o al sur, sin tener que denostar lo de los demás por no parecerse a los nuestro. ¡Mantengámonos barrocos! ¡Seamos Semana Santa! ¡Sigamos siendo Salamanca!

1 de junio de 2006

¡QUIERO SER NAZARENO!

¡Sí! ¡Lo siento! ¡Pido mil disculpas! Pero... ¡Soy nazareno!
Es lo que muchos de los que soportamos la pesada carga del cirio entre nuestras manos durante toda la salida penitencial debemos decir cuando nos preguntan con sorna -¿...y tú estás en la Semana Santa?
Qué ingrata es esta “pasión”. Así que, como no soy portador de un paso, ni capataz (por supuesto), ni portador de insignia, ni “circulante interno” con derecho a vara, ni siquiera el que lleva el botijo o la escalera, como no soy nada de eso, casi no soy nadie. Parece increible pero, después de casi cuarenta años desfilando como penitente, nazareno o hermano de fila (que estas han sido mis denominaciones en las cofradías), con la penitencia de un cirio entre mis manos, no soy nadie en el mundo de la Semana Santa.
Para ser alguien en este mundo hay que soportar estoicamente la pesada carga de nuestras devotas imágenes sobre los hombros. Y no sólo eso, sino que hay que saber alardear de ello durante, al menos, los meses más inmediatos al día clave (varios días en muchos casos).
Desde siempre, y ese siempre se remonta a los primeros costaleros sevillanos, que serán quienes “dignifiquen” el noble arte de cargar con los pasos, esta fué misión de estibadores y otras gentes del mundo portuario, es decir, de no muy buen vivir, quienes, por dinero (no lo olvidemos), se encargaban de llevar la carga que no iban a soportar los verdaderos hermanos cofrades: los hermanos de capa, nazarenos o, simplemente, hermanos. Hago referencia al costalero sevillano para, en primer lugar, separarlo de otros portadores de imágenes en andas, mucho más antiguos y discretos que, como lo hacían con otros sentimientos menos materialistas, no serán recordados por nuestros cargadores. En segundo lugar, porque hoy en día, este costalero sevillano es el paradigma del verdadero cofrade, sin el cual, las procesiones de Semana Santa... perderían su sentido.
Hay veces que es difícil que la ironía se aprecie claramente en un escrito (y más si el que escribe es poco diestro como es el caso), pero, confío en haber sido mínimamente hábil y que quien esto lea lo haya apreciado.
¡¿Cómo que sin cargadores no hay Semana Santa?! ¡Hasta ahí podíamos llegar! Reivindico, desde este púlpito, el inconmensurable valor de los nazarenos. Gentes que, sin presunción, desfilan anónimamente tanto tiempo como los pasos están en la calle. Gentes que, con su capuz y capirote, soportan estoicamente las incomodidades del desfile. Gentes que, sin alboroto ni revuelo, atienden a las órdenes de quienes van al cargo de la procesión. Gentes, en fin, imprescidibles en una procesión de Semana Santa. ¡Esto si que es cierto!
Durante muchos, muchísimos años, he desfilado con “mi” cirio (con mi querido cirio de cartón y luminaria eléctrica), junto a pasos rodantes, “portados” por escasos hermanos que (también reivindico desde aquí su importancia), en aquellos momentos, tenían incluso menos consideración que nosotros los nazarenos. Pero, a lo que iba. Desde siempre, el único elemento humano que no ha dejado de participar nunca en una procesión ha sido: el nazareno. Podríamos salir sin música. Podríamos salir sin estandartes. Podríamos salir con pasos a ruedas. Pero, ¡siempre con nazarenos!
Y, después de toda esta reflexión, me pregunto ¿por qué nos sentimos inferiores? ¿por qué cuando uno es nazareno infantil, lo único que quiere es llegar a ser cargador? ¿por qué cuando decidimos que ya no cargaremos más, nos olvidamos de la salida penitencial y dejamos de participar? ¿por qué no potenciamos, de verdad, el valor de los nazarenos?
¡Yo no quiero ser costalero! ¡Yo quiero ser hermano de capa! ¡Yo quiero ser importante! ¡¡¡YO QUIERO SER NAZARENO!!!

p.s.
Recordando los pasos “a ruedas” no puedo dejar de mencionar a la única Cofradía quintocentenaria salmantina: Vera+Cruz, a la que, desde estas modestas palabras, felicito de la forma más cofrade que conozco: con un abrazo en Cristo Nuestro Señor y mi deseo de que perdure tanto tiempo como el que ya ha transcurrido sin perder el sentido de su existencia.

LOS BUENOS

Siempre pensé que en la Semana Santa estaba lo mejor de cada casa. ¿No me estaré equivocando?
Viendo lo que hay en cada Hermandad o Cofradía, quizá sería conveniente pensar en que las Cofradías han derivado desde sus orígenes, en los que honrados obreros y artesanos integraron sus filas, hasta un reducto de gentes "extrañas" con una más que dudosa vocación, que provocan que, personas ajenas a este mundo, nos miren como a enanos de circo.

MARTILLO DE HEREJES

Sé que está de moda esto de las bitácoras o diarios (o blogs en formato más fashion) y por ello, mi ego ha sentido la necesidad de unirse a esa legión de gentes que necesita poner en el aire sus impresiones, su reflexión, sus pensamientos... aun a sabiendas de que no deja de ser una moda tan efímera como poco práctica, pues, como decía ayer Sosa Wagner, es un grito que se emite desde la soledad. Y yo añado, ¡y para la soledad!
Aun así, quiero entrar en el mundo de la reflexión acerca de todo cuanto rodea a la Semana Santa que despierte mi interés, por mi propia puerta, sin necesidad de tener que pedir permiso a los guardianes de la norma para poder expresar todo lo que llevo dentro.
No quiero (ni voy a hacerlo) sentar cátedra, pues para ello ya hay numerosos “santones” circulando por los distintos foros de Internet, quienes, dicho sea de paso, son seguidos con fervorosa fidelidad por legión de “foreros” necesitados de que algún tuerto les guíe en ese mundo de ciegos en el que se encuentran. ¡No! No es mi intención guiar con mis opiniones a aquellos que se piensan inferiores, aunque con valores mucho más destacables que los de los gurúes a los que siguen. Quiero, simplemente, dejar en el aire ese grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oido. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que todos somos los mejores.
Así pues, como diario que es, intentaré reflejar mis más íntimos pensamientos acerca de la Semana Santa y de todo su mundo, poniéndolos a disposición de todo el que quiera leerlos. Pero, que nadie se confunda. Esto no es un foro al uso en el que todos tienen derecho a tirar la piedra de forma irreflexiva y sin control. Esto no es un foro en el que todos tienen derecho a pontificar sobre lo bueno y lo malo, lo divino y lo humano. No. Esto es la ventana de mi habitación apasionada por el misterio de la Muerte de Cristo (dejare para otro momento la reflexión sobre el Misterio de la Resurrección), y así, aunque parezca soberbio e impositivo, seré sólo yo quien reflexione y quien elabore la base fundamental de esta bitácora, aunque serán bienvenidos aquellos comentarios que contribuyan a la construcción de mejores mensajes y reflexiones sobre todos aquellos temas que se me vayan ocurriendo.