Vuelvo de mi particular “puente” y encuentro cierta marejada en el foro “la otra semana santa”. Bueno, la verdad es que más que marejada yo diría que no llega ni a mar gruesa, pues el número de “afectados” es tan escaso que no merecería la pena darle mayor importancia. Pero, lo voy a hacer, pues ello me permite una nueva reflexión para esta bitácora personal.
Todo viene originado por mi opinión del día 6 de diciembre en la que, desde mi particular derecho y sin intención de ofender a nadie, me cuestiono, desde mi particularísima postura como digo, algunas actitudes, tanto propias como ajenas, durante la jornada de elección del presidente de la Junta de Semana Santa. A partir de aquí, varios participantes en el mencionado foro han comenzado a elaborar algunos escritos y mensajes con ánimo, me imagino, de espolear mi respuesta. Pues, ¡ya digo! ¡Lo voy a hacer!
Estos comentaristas del foro, acaban de caer en la cuenta de que “Luis Santos” corresponde a un pseudónimo (¡Bingo! que dice alguno de ellos). Por supuesto que es pseudónimo, como el de cualquiera de los suyos, ¿o no? Algunos de los participantes fueron capaces de comprenderlo desde el primer momento... a otros les ha costado algo más descubrirlo (a cada cual lo suyo). Ahora bien, una insalvable diferencia: mientras a mí, personalmente, me preocupa poco, muy poco, quién esté detrás de cada uno de sus apodos, por lo que leo, para ellos constituye todo un éxito pensar que saben quién está detrás de Luis Santos. ¡Gotcha! ¡Bien por ellos! Lo que tengo claro es que Luis Santos seguirá siendo el mismo, intentando reflexionar sobre la Semana Santa salmantina y, al tiempo (según parece), dando pistas sobre identidades. En relación con todo esto, quisiera aclarar planteamientos que se mantienen en alguno de los comentarios que he llegado a leer (porque, estando en todo su derecho, ahora los administradores han eliminado a los mirones), sobre el empleo y la necesidad de uso de pseudónimos únicamente en caso de peligro del protagonista. ...¡Por favor!, que esto no es una película de mafias con protección de testigos. Tengo amigos, conocidos e incluso desconocidos (se pueden contar por decenas en la prensa española) que usan un nombre ficticio para elaborar sus escritos, mensajes y, por qué no, sus críticas. Y, si no, que le vayan a preguntar a “Barquerito” cuando pone verde a tal torero o alaba a cual otro.
Y es aquí, en las críticas, donde se origina la cascada de opiniones vertidas por los comentaristas del foro (dos). Todo parte de mi opinión sobre el Tesorero de la Junta. Pues bien, sólo recordar a quienes ya deberían saberlo, que el cargo de Tesorero de esta Junta de Semana Santa es, con todos sus derechos y obligaciones, un cargo público y como tal está sujeto a las críticas y alabanzas del resto de los mortales. Y me pregunto, ¿puedo criticar al alcalde de Salamanca y no a nuestro Tesorero? ¿No hay quien, movido por su ideología política o por sus colores deportivos, critica a los que se oponen a su corriente u opinión? ¿Y no puedo hacerlo yo con el Tesorero de la Junta? ¿Que, por hacerlo como Luis Santos, soy hipócrita? ¡Preguntadle a Barquerito! Lo que yo, Luis Santos, tengo muy claro, es que jamás he menospreciado a Javier Ramos del Brío, quien (mientras no me demuestre lo contrario, y parece que lo está intentando) siempre me ha parecido una persona completamente normal contra la que jamás he tenido nada. Pero el Tesorero de la Junta, como figura pública que es, puede ser blanco de todas las críticas y, dependiendo de su “savoir faire” aceptarlas con mayor o menor elegancia o resignación. Ya lo dije el otro día, no me considero capaz de, a través de mis comentarios, mover a ofensa a ninguno de los dirigentes de la Semana Santa salmantina, pero permitidme que, como Luis Santos, critique al cargo, sin ánimo de ofender a quien temporalmente lo ocupa. Si quienes han sentido tocado su resorte de fidelidad al “amigo”, se ven en la necesidad de llamar hipócrita a Luis Santos, éste sabrá aceptarlo o defenderse a través de este medio utilizando los mismos argumentos que ha venido usando hasta ahora. Pero, si quienes, por sentirse dolidos por la crítica al “amigo”, pasan a la descalificación o el insulto hacia quien no sea Luis Santos, que tengan por seguro que no habrá duda en recurrir a instancias superiores de justicia, pudiendo alcanzar un resultado que quizá nadie esperase.
Finalmente, porque no quiero que mis reflexiones se centren en cosas banales, de poco interés salvo para unos cuantos, recordar a más de uno, que este diario lo utilizo para mis reflexiones personales, más o menos argumentadas o razonadas, pero mías al fin y al cabo. Y entre estas reflexiones siempre puede haber alguna sobre el por qué en la Semana Santa, en esta nuestra querida Semana Santa, muchos, con el armario invadido de cadáveres, osan sentirse vengadores de los demás cuando deberían estar ventilando la habitación o sellando las puertas del “ropero” para que el hedor de su contenido no recuerde al vecindario que, aunque su propietario, por supuesto hipócritamente, intente esconder con otros aromas el tufo que emana, ese armario está lleno de muertos. ¿Quién no tiene un muerto en el armario?
Termino. Al descubrir que parece existir cierto interés en ello, simplemente decir que el padre de Luis Santos, mi padre, también es doctor... ¡por supuesto en Ciencias!