...Del Principio y De Mi Principio...

Quiero dejar en el aire un grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oído. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que TODOS somos los mejores.

24 de julio de 2007

ILUSIÓN DE FUTURO

Los que me conocen pueden dar fe de ello.
No nací en Salamanca, pero me considero salmantino como si aquí hubiera nacido. Es más, seguramente por haberlo pacido cual toro de la puente, soy charro hasta la médula. Lígrimo. Soy barroco y recargado, no puedo evitarlo. No quiero evitarlo.
También, los mismos, pueden corroborar que mis tres pasiones vitales son: mi familia, mi trabajo y mi Semana Santa. De la primera estoy seguro. Convencidamente seguro. De las otras dos, no sabría bien decir si este orden que aquí adjudico sería el correcto. Al menos a temporadas, la permuta en sus posiciones viene lógica y claramente marcada por el calendario.
En lo que a esta bitácora interesa, la mayor de mis pasiones es la Pasión. A ella dedico mis pensamientos. En ella he vivido toda mi vida consciente. Por ella he sufrido. Me ha dolido. La he disfrutado. Con ella he amado. La he creído. Me ha creado.
Me veo incapaz de imaginar siquiera la posibilidad de una intención negativa hacia estos días sagrados, de fe y cultura. Ni por mí, ni por cualesquiera de los que en ella vivimos. Renunciaría antes de provocar perjuicio.
Siempre creí en nuestra Semana Santa. Creo en ella. Así, sin calificativos, sin comparaciones, ni mejor ni peor que otras. Tal cuál es. Tal cuál le hemos heredado. Tal cuál la hemos hecho. Y no creo que necesite más. Mas si viene algo nuevo, si bueno, sea bienvenido. Tenemos cuanto queremos. Así lo pienso y aquí lo digo.
Pero...
Seguimos insistiendo en convocar un concurso mediocre para la elección del cartel que nos ha de dar a conocer. Seguimos contando con pregoneros de escasa talla, seleccionados más por criterios paralelos que por su valía y renombre en el mundo cofrade. Seguimos realizando un cine-fórum ambientado con proyecciones clásicas pero desfasadas, ni siquiera en acetato sino en vulgares cintas magnéticas, exitosas ciertamente entre ancianos desocupados. Limitamos la cultura musical a un concierto-recital de una banda de música de provincias, de calidad discutible y con repertorio manido, pues aun las novedades son... más de los mismo. Editamos una revista de escaso valor e interés, en la que apenas se ven representados ni el mundo de la cultura religiosa ni el de la Semana Santa salmantina actuales. Creo que merecemos algo más.
Nuestra Semana Santa es la que es, pero somos nosotros los que debemos aspirar a metas mejores. Tenemos recursos y, porque se lo debemos a quienes los generan, debemos utilizarlos aprovechándolos hasta su extremo.
Siempre he creído, y quienes me conocen así lo confirmarán, que la Junta de Cofradías tiene una función que se debería suponer diáfana. No creo que sea su misión organizar procesiones (aunque así figure en sus estatutos), ni repartir "limosnas" entre las Cofradías, ni intervenir en los actos que se le pueden y deben suponer ajenos, ni siquiera -incluso- elaborar turnos de restauración, ni, por supuesto (y valga sólo como detalle anecdótico), ser la responsable física, en la figura de su presidente, de colgar nada en las balconadas de la plaza (que no veo yo a mi alcalde subiéndose a la espadaña a picar la Mariseca el día de Santiago). Creo que la Junta de Semana Santa, nuestra Junta de Semana Santa, debería situarse en un plano superior. Creo que la Junta de Semana Santa debería ser nuestro espejo hacia el exterior, nuestra máxima representación allende fronteras, respetable y respetada. Y qué mejor que dejarse conocer por sus hechos, amén de sus personas. A estos últimos no seré yo, ahora, quien los juzgue, pero los hechos... Programas coherentes y continuados con conciertos de música sacra con conjuntos músicos o vocales de categoría, representaciones de obras clásicas por grupos reconocidos, pregoneros de enjundia, cartelería pensada para cumplir una función, exposiciones y conferencias, por supuesto participación y realce hasta el máximo esplendor para todos y cada uno de los actos litúrgicos y mucha labor de diplomacia exterior...
Todo esto supone trabajo, pero sé que hay personas dispuestas a trabajar. Todo esto supone dinero, pero habrá que convencer a las Cofradías de que la renuncia a una mísera ración individual puede suponer un más elevado beneficio final y, por supuesto, buscar nuevas subvenciones. Todo esto supone tiempo, pues ¡ahora!, que aún no es tarde para comenzar. Seguramente, los componentes de la Junta de Cofradías, tal como me ocurre a mí y nos ocurre a muchos, no se vean capacitados para seleccionar, organizar y contratar este tipo de actividades, pero no dudo de la existencia de auténticos especialistas, dentro incluso de nuestras cofradías, que solucionarían este inconveniente de forma sobresaliente. Es, creo, la forma de alcanzar verdaderamente esa internacionalidad turística que ahora reside poco más allá de nuestras monumentales piedras. Que las cofradías guarden el protagonismo que les corresponde para su momento penitencial y colaboren en esta causa común aportando su grano de arena. Simplemente dejándose guiar, apartando inútiles competiciones de actos y actividades a cual más simple y de escaso calado. Sacrificando la cantidad en beneficio de la calidad.
Seguramente es una entelequia. Quizá mi sueño se haya equivocado de diario y no sea sino humo de colores en una chimenea durmiente. Posiblemente me equivoco y debamos dejar todo como está.
Pero, insisto, aun queriendo a mi Semana Santa, aun amándola tal cuál es, creo que se puede mejorar. Creo que se debe mejorar. Creo que podemos y debemos.
Es mi ilusión.

4 comentarios:

Lucano dijo...

La tuya y la de muchos. Sólo nos resta descubrir que, en esencia, es la misma ilusión, y trabajar juntos por ilusionar a quienes no gozan de ella. No es un imposible... y menos para charros lígrimos.

LUIS SANTOS DE DIOS dijo...

Sí, Lucano. Somos más de lo que la apariencia muestra los interesados en renovar algunos aires. Sé que somos muchos los que vamos descubriéndonos una ilusión común aunque aún estemos dispersos.
Ya descubierta la esencia, aunemos esfuerzos y trabajemos para descubrir al resto este gozo. Yo estoy dispuesto y no es un imposible...
Un saludo,
Luis Santos

berrendita dijo...

Luis, me gustaría apostar contigo por tus proyectos. Supongo que todo depende de quienes los lleven a cabo y de las piedras que pongan en el camino. Imagino que muchas, si tomamos como ejemplo la ciudad vecina, esa Zamora que tanto amo y tanto me duele. Sé de lo que hablo. Pero sigo apostando por barrer el polvo para dejar la casa reluciente. Sigo apostando por los sueños. Secundo tu propuesta, aún no siendo charra ni lígrima, pero con el corazón dividido entre el Tormes y el Duero y un beso no perecedero siempre a los pies del Doctrinos.

LUIS SANTOS DE DIOS dijo...

Berrendita, charra posiblemente no, pero lígrima... no creo que nadie te pueda negar este adjetivo. Es más, todos los días, poco a poco, nos lo demuestras con el aplomo de tus palabras.
Salamanca, Zamora... qué más da. Creo que los proyectos son comunes pues surgen del deseo de que todo sea mejor aunque para ello haya que superar muchos obstáculos. Qué te voy a contar cuando los has sufrido desde la infancia por no haber sido parida en masculino.
¿Por qué no empezar? Hagamos realidad algunos sueños. Hagamos núcleo. Fuerte, denso, compacto. Aun así, nos lloverán las puyas y los puyazos. Como al Toro de la Vega, hasta que alguien muestre orgulloso su victoria.
Yo tuve opción, pero me equivoqué de isla.
Un saludo,
Luis Santos.