...Del Principio y De Mi Principio...

Quiero dejar en el aire un grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oído. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que TODOS somos los mejores.

7 de octubre de 2007

ROSARIO

Seguro que cuando Santo Domingo recibió el rosario de manos de la Santísima Virgen, aun imaginando el futuro que esperaba a esta oración, no tenía previsto todo lo que aconteció posteriormente.
Seguro que cuando San Pío V fue iluminado por la Virgen para la institución litúrgica del Santísimo Rosario, no se imaginaba la trascendencia de su decisión. O quizá debiera decir las trascendencias, pues son varios los argumentos posibles que me rondan la cabeza y todos ellos relacionados con esta fiesta que hoy celebramos y con gentes muy cercanas a mí y a Nuestra Señora, la del Rosario.


De siempre he sentido una especial admiración por esta advocación religiosa y por cómo los frailes de la orden fundada por Santo Domingo han mantenido y defendido su espíritu a lo largo de más de ocho siglos.


Seguro que a Domingo de Guzmán, si le hubiéramos hablado de costales, habría pensado en sabe dios qué cosa, pero diferente con certeza de lo que se nos viene a nosotros a la cabeza cuando oímos esta palabra. Pero no le daría importancia.


Y hoy, en el acto principal de esta celebración, durante la Misa a ella dedicada, el oficiante en su homilía ha dado un toque que, a más de uno, debería haber removido la conciencia. Nos ha dejado por su boca las palabras de un General de la Orden de Predicadores. Sabias palabras que partiendo de la premisa de contemplar el rezo del rosario como algo rutinario, como una sarta de jaculatorias y letanías relatadas de forma inconsciente, nos conducen hasta considerar a éstas como si fueran la propia respiración. Son actividades que se hacen sin más, sin reflexión, inconscientes, pero imprescindibles para la vida. Y una vida que, como ya he dicho, dura más de ochocientos años. Una vida, la del rosario, que refleja casi por completo el evangelio (como nuestra Semana Santa) con todo su sentido y loa a la Virgen con frases que no por repetidas dejan de ser auténticas maravillas.


Y yo hoy, la he tenido más presente que el resto de los días, que ya lo es, y mucho. Pues compartir, aunque sólo sea el quehacer diario, sin estridencias, sin condiciones, aceptándonos tal como somos, es tanto al final, que perdemos la referencia y convertimos eso tan especial en parte de nosotros mismos, olvidándonos de que quien tanto comparte debe renunciar a mucho más de lo que imaginamos.


Hoy quiero que estas letanías de alabanza a la Reina de los Cielos sean algo más que simples jaculatorias recitadas sin sentido. Quiero que todas y cada una de ellas alcancen su destino con la consciencia de que son recitadas con todos los sentidos. Pues cuando son revisadas con atención, alcanzan a ser pura poesía. Quiero que esas letanías marianas lleguen al destino que todos y cada uno de nosotros tiene previsto para ellas. Y el mío es claro.


Seguro que Domingo de Guzmán, quien no sabía de costales, habrá sentido esta jornada como única. Y, sin pasar lista, pues no es ese su cometido, agradecerá como merecen a todos los que de esta fiesta han participado.


Somos cofrades. Formamos una cofradía diferente, exclusiva y consistente. Hemos alcanzado un momento en el que esta cofradía está tan asentada como si llevase siglos sobre la faz de la tierra. La unión fraterna ha llegado a tal grado que ha dejado de ser tal para convertirse en lo que siempre hemos querido: un verdadero matrimonio. Un matrimonio cofrade. Sigamos manteniéndolo.


Y hoy, como todos los años, he recordado mi llegada a estas tierras.


Y cofrades salmantinos, devotos de esta imagen, la han portado por su Claustro de Procesiones.


¡Me alegro!

2 comentarios:

berrendita dijo...

Una vez más coincido con tu reflexión sobre la letanía del Rosario. Mil veces he pensado que es pura poesía, que no habría una mujer sobre la faz de la tierra que no se sintiese honrada con esa sucesión de versos que pasa inadvertida por la velocidad casi mecánica del rezo.
Cádiz honra a la Virgen del Rosario, su Patrona, con oraciones en forma de miles de nardos que depositan los niños -sólo los niños- a sus pies. Es una preciosa tradición de la que ya te hablaré, igual que algún día te contaré como emociona el sonido del paso horquilla cuando la llevan por las calles.
Un abrazo.

LUIS SANTOS DE DIOS dijo...

Es cierto, pura poesía incluso cuando se recita mecánicamente con la sonoridad de un mantra que le confiere un espíritu particular.
De la Virgen del Rosario y de su Cái (¡ese Cái!), creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión, se me quedan más cerca de lo que parece. La bahía y la Catedral, Tarifa y su festival de folk, el Cabrito y los molinos mirando a África en Punta Europa, Algeciras y sus playas de Getares y del Rinconcillo, el Palmones desembocando, la ruta del Toro tan cercana a esto nuestro, Chiclana y su Barrosa, La Línea, los llanitos (que también son Cádiz) y mucho más. Tiempo tendremos de puestas en común. Nuevos argumentos para un ya viejo café.
Un saludo,
Luis Santos