...Del Principio y De Mi Principio...

Quiero dejar en el aire un grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oído. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que TODOS somos los mejores.

24 de enero de 2007

YOÍSMO

Llevo días con varias ideas rondando mi cabeza. Las elecciones en la Congregación de Jesús Divino Redentor Rescatado y Nuestra Señora de las Angustias, la renovación en la Ilustre y Venerable Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la posible incidencia de las dos cuestiones anteriores en el devenir de la Procesión del Santo Entierro, la fiebre de las restauraciones en la imaginería procesional salmantina, nuevos cofrades y nuevas cofradías,... Pero he perdido parte de la ilusión con la que comencé este diario. ¡Sí!
A fuer de ser sincero, no es algo que me sorprenda, pues, en el lógico cálculo de opciones que realicé en un principio, para estimar la conveniencia de publicar mis opiniones y reflexiones, ya conté con esta posibilidad como una de las más factibles. Pero en lo que erré fue en la suposición de los argumentos que llevarían a esta pérdida. Calculé mal y equivocadamente. Pensé que todo iba a depender de mí mismo y que la disminución del interés vendría acompañando a desidias, desganas, apatías, falta de ideas e incluso cansancio. Pero, aun reconociendo que no mantengo la pujanza de los primeros días (-es más atractivo construir que mantener-), no han sido los estados anímicos anteriores los verdaderos responsables. Me duelen más mis envidias, mis rencores, la prepotencia... o como alguien me dijo hace tiempo para definir a cierto colectivo: el "yoísmo". Sí. Me he dado cuenta, o mejor dicho, he confirmado que entre los cofrades salmantinos que nos movemos durante el año, que participamos en actividades que van mucho más allá de la propia salida penitencial dentro de nuestras cofradías y hermandades, que somos conscientes de que nuestra labor va más allá de lo meramente estético para formar parte de lo esencialmente ético, en fin, que entre los que más o menos nos dejamos ver de una u otra forma, ¡abundamos los yoístas!

Alguno, llegado este punto, seguro que se preguntará por el significado de este término ficticio. Ahí va la respuesta. El yoísmo podría definirse como la íntima necesidad de alguien de ser o sentirse protagonista. Los yoístas somos el perejil de todas las salsas. Pero no nos conformamos con estar en todos los "fregaos", sino que, como somos nacidos en ciudad universitaria, tenemos la necesidad de sentar cátedra, o, utilizando otro símil más adecuado a nuestra condición cofrade, "¡lo que yo digo va a misa! ¡A mí me lo vas a decir!" Somos un tipo de persona que, cuales contertulios de cotidianos programas radiofónicos, siempre tenemos pronta una respuesta a cualquier pregunta. Lo de menos es el dominio que poseamos del tema tratado, las fuentes consultadas o la solidez de nuestros argumentos. Lo que verdaderamente importa es la prontitud en la reacción, la inmediatez de la respuesta, aunque el resultado, en expresión de Lázaro Carreter, sea un "dardo en la palabra". Pero, esta agilidad mental conlleva riesgos que, aun importantes, sólo verán quienes nos rodean, y nunca nosotros los yoístas. Así, fruto de la irreflexión, yo, como buen yoísta, soy capaz de hoy decir "digo" y mañana decir "diego" olvidándome de lo que dije ayer. Lo importante es el momento. Carpe diem

Bien. Una vez definido el yoísmo (y con ello los yoístas), continúo con mi reflexión.
Como decía, he perdido parte de la ilusión inicial y me doy cuenta de que esta pérdida viene motivada por el reciente descubrimiento de mi íntima condición de yoísta, que me invade y hace que pierda el control de mis propios actos e ideas. Que me lleva a opinar sin pensar y, además, a intentar convencer a los demás de que lo único válido es lo mío, pues para eso soy experto. ¡Me invade el yoísmo!
Creo que, ahora que aún estoy a tiempo, voy a someterme a un tratamiento antiyoísmo, una desintoxicación de ego, una cura de humildad. Cuando termine con ello lo contaré en este diario para general información. Mientras tanto, animo a todos los yoístas de la Semana Santa salmantina a que se unan a mí en estas jornadas y que, como yo, intenten abandonar esta malsana tendencia individualista que crea adicción.
¡Todos estamos aún a tiempo!

17 de enero de 2007

DE MÚSICA Y AGONÍA

En estos días, pasada la época de Adviento, en muchos lugares el olor a incienso comienza a invadir todos los rincones. Se acerca la Cuaresma y, tras ella, nuestra esperada Semana Santa.
Es ya momento de comenzar a cerrar expectativas, rematar faenas y empezar a preparar la salida penitencial. Se hace, por tanto, todo lo posible para tenerlo todo dispuesto el próximo Domingo de Ramos.
En este activo, enfebrecido proceso, participan también quienes, con su música pasional, nos acompañarán y serán parte importante en nuestro lucimiento en la calles salmantinas. Por eso, nuestras bandas intentan mejorar día a día y nosotros intentamos que en nuestra procesión participe la mejor de las bandas. Pero, en la mayoría de ocasiones, pretendemos comprar lo mejor a precio de saldo y, lógicamente, quienes valoran su esfuerzo de forma diferente a nosotros, prefieren partir hacia otros lugares en los que se ven más reconocidos. Y esto genera una escasez que afectará a las cofradías salmantinas en mayor o menor medida.
Por esto, cuando surge la noticia de la creación de nuevos conjuntos para acompañar musicalmente a nuestros pasos, todos respiramos profundamente y confiamos en el buen fin de los mismos.
Hace tiempo, una de estas noticias llegó a oidos de todos. La Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía estaba dispuesta a formar no sólo una banda de música, sino que sus pretensiones iban mucho más allá y mantenían la idea de crear una Escuela de Música. Para ello se les proporcionó desde la Junta de Cofradías, en forma de préstamo, cierta cantidad económica con la que pudieran dar esos primeros pasos, complejos y siempre difíciles. ¿Y...?
Muchos somos los que permanecemos expectantes. Mucha es la necesidad de nuevas y buenas bandas de música en nuestra ciudad. Muchos somos los que sabemos de esta iniciativa. Pero no hay ninguna noticia, al menos por mi parte (seguramente, como siempre, estoy desinformado) de su existencia. ¿Se sabe algo de este proyecto? ¿Para cuándo la Banda de la Seráfica?

16 de enero de 2007

ROSARIO

Hace no mucho tiempo, comentaba en alguno de los foros que solía visitar, cómo las relaciones entre la Hermandad Dominicana y la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, fueron, desde el origen de la más joven de ellas, cordiales o, incluso me atrevería a decir, fraternas. Sin duda, el hecho de compartir no sólo la iglesia de San Esteban, sino también el interés de los padres Dominicos radicados en el convento del mismo nombre, fue suficiente para que existiera intercambio de enseres y de personas, haciendo del funcionamiento de ambas “causa común”.
Hoy día, a pesar de que la Cofradía del Rosario, como popularmente viene siendo denominada, parece haber abandonado sus actividades “diarias” y lo único que se mantiene es la procesión que, con la imagen de Nuestra Señora, se realiza gracias al interés de los padres de la Orden de Predicadores y a la ayuda, valiosa sin duda, de la Hermandad Dominicana, poco ha cambiado. Así, esa colaboración fraterna se mantiene e incluso, en los últimos años, ha despertado gran interés, podríamos decir que inusitado, entre algunos cofrades de la Semana Santa salmantina.
Haciendo un poco de historia y comenzando por el principio, deberíamos saber que este año que ahora comenzamos, corresponde al 680 aniversario de la creación del Hospital de Nuestra Señora del Rosario, pues fue fundado en 1327 gracias al legado dejado por Juan Alfonso de Godinez. Este personaje salmantino mandó levantar este hospital en una heredad que tenía cerca de la iglesia de San Esteban (ocupando lo que hoy es la plaza de los Basilios y llegando hasta la calle del Rosario) y lo dotó de suficientes rentas como para que funcionase sin dificultad. En aquella época (siglo XIV), el funcionamiento de este tipo de instituciones solía estar a cargo de cofradías, formadas por devotos de distintos estratos sociales, quienes aportaban bien su trabajo o bien sus donaciones, haciendo que los más desfavorecidos tuviesen cierto cobijo. También hay que decir que la idea de hospital medieval no se corresponde con la institución sanitaria que conocemos en la actualidad, sino algo más “genérico” o, si se quiere, de funciones menos especializadas.
Este hospital del Rosario fue uno de los muchos que hubo en Salamanca a través de los siglos. Tuvo rentas tan suficientes que permitieron varias ampliaciones de sus espacios en distintos años del siglo XVI. Pero, en 1581, al haber sensación de que el número de hospitales era muy elevado, Felipe II manda unificar todos estos establecimientos en uno o unos pocos, por lo que el hospital del Rosario queda agregado al Hospital General de la Santísima Trinidad.
¿Entonces?... Pues, entonces, al igual que ocurrió con otras cofradías anejas a hospitales, de las que hoy día tenemos el testimonio de la Vera Cruz, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario se mantuvo, y se mantiene aún, en la Iglesia de San Esteban. Y no sólo se mantuvo, sino que hubo momentos en que su “peso” fue grande y llegó a alcanzar importantes privilegios, hoy día olvidados. Y así, en el duermevela que proporciona el paso del tiempo, se ha mantenido hasta que, como he dicho anteriormente, de forma cuando menos puntual en su procesión de inicios de otoño, se ha revitalizado de forma sorprendente. Tanto que algunos de esos cofrades salmantinos de Semana Santa a los que me referí en los primeros párrafos, han buscado denodadamente la forma de incorporarse a la Cofradía del Rosario, de ser cofrades y, con ello, aumentar las actividades de ésta, para que no sólo quedase en la procesión. Loable intención la de estas personas, quienes han querido que la Cofradía del Rosario recuperase ese brillo que se le suponía perdido. Pero, ¿hasta dónde la idea de esas personas está en consonancia con la propia cofradía en la que se quieren integrar?
Por lo que he sabido, las normas, reglas o estatutos de esta cofradía son estrictas y limitan la función de los cofrades a actividades espirituales de régimen interior (vigilias y rezo del Santísimo Rosario), no sé si impidiendo, pero al menos sí restringiendo, otras actividades más “públicas”. También he sabido que el gobierno de la Cofradía del Rosario depende de forma directa del priorato de San Esteban, limitando (de nuevo), o en este caso seguramente impidiendo, la formación de otros órganos de gobierno. También he sabido que, a pesar de todo, la Cofradía del Rosario sigue contando con benefactores, quienes, al igual que aquellos del medievo y renacimiento, proporcionan abundantes rentas a la misma. También he sabido que, aceptando las normas, reglas o estatutos de la Cofradía del Rosario, no creo que hubiera problemas para incorporarse como cofrade de la misma.
Según esto, me parece que la intención de esos cofrades de la Semana Santa salmantina de volver a “dar vida” a la Cofradía del Rosario es digna de todo elogio. Pues son pocos los salmantinos que, perteneciendo a una de nuestras cofradías penitenciales, vuelven la vista hacia su interior y olvidándose de toda parafernalia procesional, muchas veces ajena a la espiritualidad de una cofradía religiosa, pretenden comenzar a llevar a cabo una serie de actividades más contemplativas, de oración y recogimiento, como son las que parecen observarse en las normas, reglas o estatutos de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario. Animo a esos cofrades salmantinos de nuestra Semana Santa a que den ejemplo a todos aquellos otros que únicamente ven (o vemos) en las cofradías una procesión, unos pasos, unas imágenes o una devoción, si se quiere, pero que olvidan (u olvidamos) que el carácter catequético que debemos mostrar va mucho más allá de estas puntuales manifestaciones públicas y que, por desgracia, son pocos los que dan muestra de una actividad más intensa. Por eso, me alegro de que haya quienes, renunciando a actividades de cara a la galería, quieran profundizar en su acercamiento a Nuestra Señora a través del rezo periódico del Santísimo Rosario.
Pero hay más. Porque como una primaveral fiebre, a pesar de la fría época en que estamos, otros grupos de cofrades de la Semana Santa salmantina se mueven o han movido últimamente con similares intereses a los de los anteriores, visitando distintos templos y parroquias de nuestra ciudad, con loable intención de fundación de misericordiosas cofradías, dedicadas al culto divino y al servicio humano; aunque, por lo que sé, han visto cerradas las puertas, de alguno de estos templos al menos, y, con ello, la viabilidad de futuro. ¡Lástima!
Magnífico el momento de nuestros cofrades y cofradías. Porque no quisiera creer en espurios intereses ajenos a todo lo que aquí he expuesto.
¡No! ¡Seguro que no!

11 de enero de 2007

REGRESO A CASA


Hace ya varios días que volví de las vacaciones y retorno a conectar con este mundo virtual.
Desde la última relación electrónica, hace ya casi un mes, apenas he tenido oportunidad de volcar la más mínima reflexión en este diario. Y no ha sido por falta de motivos, ni de ganas, sino que desde donde he estado he sido completamente incapaz de acceder a esta intimidad y he tenido que conformarme con la libreta de hule (¡esas libretas de hule de "La Religiosa"!) y el viejo Parker que me acompaña desde mi Primera Comunión, para comunicarme con mi interior, con mi yo más íntimo. Si algún día pudiese enseñar lo que guardan mis libretas de hule...
Sí. La verdad es que me quedé con ganas de felicitar a la Vera Cruz por ese acto ceremonial en el salón de recepciones de nuestro Ayuntamiento y de compartir con ellos esos momentos. Sí. Para demostrar que lo de menos era la oportunidad de la hora, o el cambio precipitado, o la simultaneidad de actos, o la disposición de nuestras autoridades locales y diocesanas. Lo verdaderamente importante es que se concluía el Quinto Centenario con una cucharada de la mejor miel serrana. ¡Qué digo cucharada! Con una buena cántara de... ¡Qué digo miel!, de néctar y ambrosía propios de haber alcanzado metas olímpicas, compartidas con todos los que nos precedieron en este camino vocacional de recuerdo y catequesis, de puesta en escena íntimamente cristiana y abiertamente vocacional que es para todos nosotros la Semana Santa.
Sí. He visto con orgullosa admiración los diferentes reportajes dedicados a ese evento y me he sentido como si hubiera estado allí, compartiendo con todos, esos instantes de mágica alegría. Y además, sé que Jesús, el Hermano Mayor, el menor de los Hermanos Mayores, consiguió refrenar su ímpetu de días anteriores y sólo dió sus "¡vivas!" a la Vera Cruz en el callado rincón que su corazón dedica a guardar esos silenciosos gritos. Mejor fue el deseo de paz y bien a los congregados en la sala. ¡Mucho mejor!
¿Y ahora..?
Espero por el bien del momento alcanzado que el agua en que se han cocido estas borrajas no quede como ingrediente principal de nuevos caldos. Que sean las propias borrajas las que, como resultado de un largo año cociendo a fuego, sirvan como base para la elaboración de nuevos y más complejos guisos en los que la Vera Cruz se vea continuada. Que lo que se ha hecho este largo año del Quinto Centenario no sea sino el impulso de renovadas fuerzas para continuar otros muchos años más, que no digo quinientos porque no los veremos, pero que sean todos los posibles.
Creo que este año he tenido cierta fijación con la VeraCruz, pero también estoy en que lo merecía. Ya lo dije en otros momentos, pero, quizá ahora que todo ha concluido, me siento de nuevo obligado a desearos, a gritar si quereis, mi ¡ENHORABUENA VERACRUZ!
Otras actividades, eventos, reuniones, especulaciones y rumores he conocido a mi regreso, que serán, sin duda, objeto de análisis en cuanto alcance la capacidad de ordenar mi mente y con ello su contenido. Pues todavía la tengo lejos de aquí y, lo que me preocupa más, sin ganas de volver. Pero tendré que forzarla, para que, una vez asentada, vuelva a expresar su sentimiento (llámese opinión si se prefiere) sobre nuevas cofradías, nuevas procesiones (o procesiones modificadas), nuevas estaciones de penitencia o innovaciones cofrades, pues comienzan tiempos que, para los que vivimos la Semana Santa, vienen cargados de actividad y más actividad. Pero... ¡creo que de casi todo esto ya he escrito en algún momento! Sólo hay que hacer correr la página electrónica para verlo. Bueno. Quizá no esté tan mal repetirse cuando la ocasión lo merezca. Y por ocasiones no va a ser. ¡Seguro!
¡Ah! ¡Por cierto! Aunque ya bien iniciado el Tiempo Ordinario de los litúrgicos, deseo a todo aquel que aún persista y pase por este diario, un venturosísimo año 2007 (aunque a la ventura haya que ayudarla con bastante esfuerzo personal). A todos los conocidos a través de este diario: lucano, doctrinos, paponín, costalero y demás anónimos visitantes, mis mejores deseos para que, entre todos, seamos capaces de hacer mejor "cofradía" en este año que comienza.