...Del Principio y De Mi Principio...

Quiero dejar en el aire un grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oído. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que TODOS somos los mejores.

31 de mayo de 2007

ÍNTIMO ANIVERSARIO

Tal día como hoy de hace exactamente un año, me propuse materializar algo que me rondaba la mente desde tiempo atrás.
En un día soleado y con esa sensación de vacación que se tiene tras un periodo de febril actividad, decidí cambiar mi ocio por un compromiso. Quería que todo el mundo supiese de mi pasión por la Semana Santa, contemplada como todos y cada uno de los posibles rayos de color emergentes del prisma de la observación. No tenía por qué ser algo dedicado a la devoción, ni periódico, ni siquiera cultural. Debía ser una amalgama de un todo atomizado, en la que cualquier aspecto pudiese tener cabida. Una mezcla de tradiciones, culturas, trabajos, personas, ideas,... en definitiva, lo que es y ha sido por siempre nuestra Semana Santa. En definitiva, mis reflexiones sobre mi Semana Santa.
Pasar a este mundo virtual no suponía novedad para mí, acostumbrado a manejar nuevas tecnologías casi desde sus orígenes. Lo que sí era novedoso era la mixtura de este mundo electrónico con el mundo de una de las tradiciones más invariablemente asentadas entre nosotros desde hace quinientos años. La mayor revolución en mi Semana Santa desde la innovadora implantación de los cirios eléctricos o los chasis de viejos haigas como armones para nuestras imágenes. Esto es lo que pensé, seguramente de manera equivocada.
Así que manos a la obra y a por todas. ¡A esta es!
Han sido doce meses en los que, con discontinua frecuencia, he intentado contar algunas de las cosas que se me pasaban por la cabeza. Unas meditadas y otras posiblemente fruto de arrebatos irreflexivos. Algunas inspiradas y otras con mayores dificultades en su expresión. Algunas dulces y otras acibaradas. Pero todas ellas asumidas en su esencia y con sus adyacencias.
Han sido doce meses con altibajos, con alegrías y tristezas, en los que he visto cómo a mi alrededor han acontecido cosas que jamás hubiese imaginado. He visto cómo se me deshacía mi Semana Santa. Pero, seguramente renaciendo de mi propia flaqueza (o al menos intentándolo), asumo el compromiso, por mí y por los que me rodean, de mantener este diario como testimonio de la voluntaria obligación que contraigo con esta pasión. Desde aquí, con la presunción de hallarme liberado de cadenas y ataduras que pudieran haber coartado mi opinión, quiero continuar dejando mis palabras en este diario a disposición de quien quiera entrar y usarlas. Sé que no podré hacerlo como quisiera, pues he comprobado la existencia de normas no redactadas pero claras, aunque espero, a pesar de todo, defraudar lo menos posible a quienes participen conmigo de mis reflexiones. Así, retomando algunas palabras de la primera página de ese blanco diario que encontré hace ahora un año, -esta es la ventana de mi habitación apasionada por el misterio de la Muerte de Cristo (ahora también disfrutaré de la reflexión sobre el Misterio de la Resurrección), y así, aunque parezca soberbio e impositivo, seré sólo yo quien reflexione y quien elabore la base fundamental de esta bitácora, aunque serán bienvenidos aquellos comentarios que contribuyan a la construcción de mejores mensajes y reflexiones-, os espero por aquí. Porque, a pesar de todo, sin vosotros, los que entráis y salís por esta ventana, esto no sería nada.
Gracias por todo.
Gracias a todos.

26 de mayo de 2007

NOTICIAS DE SALAMANCA

Hace unos días que sólo me dedico a trastear por la red, recorriendo los cada vez más frecuentes lugares en los que los cofrades salmantinos (con alguna incorporación invitada del exterior) sacan a relucir lo mejor de sí mismos y le dan la vuelta a nuestra Semana Santa. Es algo que, por sencillo, ha adquirido categoría de moda y casi todos estamos dispuestos a seguirla. Yo, desde aquí, me limito, como digo, a observar y aprender. Pues de todo y de todos se aprende. A algunos de mis referentes de este enredo les conozco y doy fe de su categoría. A otros los estoy descubriendo poco a poco, y se revelan como emocionados usuarios de nuevas técnicas aunque no por ello con ausencia de categoría. Por supuesto los hay mejores y peores, pero lo que está claro es que todos lo hacemos con el afán de satisfacer -o satisfacernos- y dejar que los demás sepan de nuestros pensamientos y tribulaciones.

Si me he dedicado a trastear por la red ha sido por no perder el contacto, aunque no encontraba ni ganas ni motivo para intervenir en este diario que pronto cumplirá su primer año de existencia. La retórica parece haber abandonado las escasas ramificaciones de la ínfima parte de mi cerebro que soy capaz de destinar a estos cometidos. Veo que las palabras salen con menor fluidez y que las frases suenan más rotundas, más directas... ¿Será la época?

Aun así, en esta tarde de retirada sabatina, mientras a mis oidos llegan las sublimes notas de la "Pasión según Mateo" en grabación magnífica de Decca con Kiri Te Kanawa y von Otter dirigidas por Georg Solti, he encontrado el momento de abrir una nueva página de mi cuaderno de bitácora en esta navegación por la red. Y he recordado que, el otro día comentaba cómo Joaquín de los Arcos Encina y Zaonero era el responsable de la elaboración de un diario manuscrito en el que la Semana Santa podía tener cierta preponderancia. Quizá deba reconsiderar esta afirmación, al menos para reducir su peso en el conjunto del texto. Seguramente habría que contemplarlo más como un diario del paso del francés por nuestra ciudad durante la invasión del recién iniciado XIX. Sin embargo, se trata del primer texto por mí leído con referencias claras y más o menos abundantes al día a día de, entre otras cosas, la Semana Santa.

Por tanto, no debería ser considerado Zaonero como un cronista fiel de esta manifestación de fe popular, y sin embargo salen de su pluma comentarios que han podido ser empleados por posteriores estudiosos -o estudiantes- de la pasión salmantina o detalles que, por anecdóticos, pudieran llamar nuestra atención. Del primer tipo de comentario, algunos extractos interesantes, conocidos ya de otros autores, como la referencia del año 1795, a la última salida en procesión del Ángel Custodio, la de 1777 por la que se acata la decisión real de procesionar únicamente de día, con prohibición de penitentes o la de 1787 de la demolición del crucero por el corregidor Oliveras:

"El año de 1795 fue el último que salió en la procesión del viernes santo i día primero de Pascua de Resurrección el Angel Custodio y el año de 1777 mandó el rey que las procesiones de semana sta fuesen de día y proivió los penitentes y el año de 1787 demolió el crucero el corregidor llamado Oliveras y Carbonel."

(De esto último creo recordar que ya hice referencia, tras recogerlo de varios autores, en mi intención de recorrer el origen de la VeraCruz).

O aquella otra referencia a algo bastante más conocido ya de nuestra Semana Santa como es la eliminación de la figura del Judas, ese personaje que, situado detrás de la figura de Jesús, era vestido cada año de distinta manera (siempre haciendo referencia a alguien o algo) y era objeto de mofa por los asistentes al desfile:

"Este año -1799- se ynovó la carrera de las procesiones de semana santa y se quitó que saliese Judas, el de la cruz; lo quiso el Sor Ovispo dn Antonio Tavira y Almazán que era entonces."

¡¡Recordado (para bien o para mal) Obispo Tavira en nuestra Semana Santa!!

Pero también hay algunas referencias a momentos más curiosos (de los que yo al menos desconocía su existencia), como aquél en que tres estudiantes que no fueron autorizados a salir en procesión se tomaron su revancha, aunque les costase cara, o la utilización de un estandarte de la VeraCruz como instrumento de señales francesas al fuerte de San Vicente durante la Guerra de la Independencia.

"Este año -1805- se llevó a rrigor la orden de que no fuesen en la procesión el miércoles santo con túnica el que no fuese congregante, y tres jóvenes que yban a salir y no los dejaron, tubieron el atrevimiento de salir de los Menores con las túnicas a el hombro hasta la casa que tiene bentana -la que hoy sería el Mesón Cervantes- dentro del Arco del Toril o Arco de Barva Roja, donde las colgaron; se dio parte inmidiatamente que llegaron los nazarenos a la Cruz y se les condenó a dar una satisfación a la Congregación y pedirla perdón, apercividos y a ocho días a un convento siguiendo en todo a la Comunidad; es de arvertir que, hasta que pasó la procesión por el dicho Arco, que los maestros de ceremonias subieron a la casa a quitar las túnicas, estubieron colgadas a la bentana."

"El día 12 de junio de 1811 pidieron los franceses una bandera encarnada a la cofradía de la Cruz de las que sacavan el día de Resurrección en la procesión; la llevaron a la torre de la catedral para dar seña desde allí a los del Fuerte quando biesen enemigos."

Quizá hoy día nos parezca poca cosa lo de aquellos estudiantes cuando estamos acostumbrados a ver... Pero a algunos no les vendría mal un escarmiento, de vez en cuando.

¿Sabían en la VeraCruz lo de su bandera-estandarte? A mí me ha sorprendido.

Sí, es cierto, son crónicas del día a día de nuestra Semana Santa, de su vertiente popular mundana, no artística ni religiosa, pero con su importancia también.

Poco a poco, se animan los dedos y las teclas quieren seguir hundiéndose, pero hay un momento en que se debe detener el impulso y dejar un poco de ese deseo para posterior ocasión, no sea que se agote todo a un tiempo y se acabe la posibilidad de volver a plasmar mi reflexión.

22 de mayo de 2007

ZAONERO

Cuando comencé este diario, las primeras palabras que recibí, en forma de comentario, fueron las de Lucano, alentándome a continuar pues, según él (y yo también), era éste el primer diario reflexivo sobre la Semana Santa salmantina.

Acabo de confirmar una sospecha que me rondaba de hace tiempo. Esa idea de ser original no es tal y, ya en 1796, un tal Joaquín Zaonero, hidalgo salmantino, soltero, rentista y con casa en la calle de Zamora, a espaldas del palacio del Marqués de Almarza, escribió su propio diario en el que hacía constar (bien es cierto que entre otras muchas cosas) los aconteceres de la Semana Santa de Salamanca (o lo que hubiera de ella en el siglo XVIII).


Es sorprendente lo que se puede saber cuando nuestras manos cuadran un buen libro.
Confio en que, con algo más de calma, este comentario se vea ampliado con nuevos datos.

17 de mayo de 2007

SIMPLEMENTE ADIÓS


Hay veces, quizá las menos, pero las hay, en que la devoción, afición o vocación (pues nunca he sabido bien de qué se trata), son superadas por lo que contemplamos como integridad, honestidad, principios o, simplemente, buena fe. Integridad, honestidad, principios o buena fe, como individuo, como cofrade y como cristiano.

Hay veces en que la persona se desborda. Pocas veces, quizá las menos, pero las hay.

Tengo un amigo que, después de corresponder a todos sus compromisos cofrades de esta Semana Santa que acaba de terminar, ha sentido la necesidad -o quizá la obligación- de abandonarlo todo. Sí, digo bien. ¡TODO! Así, tras casi toda una vida dedicada a la Semana Santa, la necesidad de sentir intacta su integridad personal le ha conducido, en camino de un solo sentido, a alejarse del mundo cofrade activo.

Sé que no se ha dado por vencido, pero sí se ha dado por cansado. Cansado de que todo sea siempre igual. Cansado de que quienes piden revolución sean los que desean con mayor fervor quedar anclados. Cansado de los perros de siempre ceñidos con invariados collares (o quizá sean jaeces). Cansado de cobardes que se ocultan tras su devoción para no se sabe muy bien qué. Sé que ha dado mucho por nuestra Semana Santa, o al menos lo ha intentado, y siempre con dos máximas: la honradez y la verdad.

Sé, porque me lo ha dicho, que le duele el alma. Ese alma cofrade que siempre ha tenido y mantenido desde su más tierna infancia. Sé, porque me lo ha dicho, que no pueden pagar justos por pecadores y que tiene una cantidad inmensa de amigos en las filas cofrades. Sé, porque me lo ha dicho, que, a pesar de su retirada, espera que esos amigos cofrades sigan siendo sus amigos, y yo le deseo que su esperanza se vea cumplida. Porque, es cierto, ¡nunca nos arrebataron la Esperanza! Y... ¡nunca nos la arrebatarán!

Sé, porque me lo ha dicho, que tiene pena, que se va con dolor, pero que nunca le podrán quitar el contenido de su corazón, rellenado con gotas de tibia cera, aromas de clavel reventón, retazos de capuz descolorido, miradas anónimas agradecidas, sufridas cadenas penitentes, sufrientes pies descalzos y tantas y tantas otras pequeñas cosas cofrades, que lo tiene a rebosar. Que todo ello le ayudará en este voluntario destierro y que le servirá de acicate para continuar colaborando con su Semana Santa, con su Hermandad y con sus Hermanos. Pues se sentirá cofrade hasta el fin de sus días.

Sé, porque me lo ha dicho, que no ha hecho todo lo que pudo y, por supuesto, que cometió errores. Pero yo, que le conozco bien pues soy su amigo, puedo afirmar que jamás fue malintencionado y que siempre podrá hacer más. ¡Me comprometo por él!

Sé, porque me lo ha dicho, que jamás tuvo apego a un cargo (tiempo hace que lo demostró crecidamente dando paso a otros), que si estuvo fue para servir y que nunca se sintió propietario de nada salvo de su propia honestidad. Y yo, que le conozco bien pues soy su amigo, sé que no necesita títulos ni cargos para ponerse siempre al servicio de nuestra Semana Santa.

Sé, porque me lo ha dicho, que aun marchándose quiere seguir ahí, junto a la artillera cureña que sostiene el ánima y participar. Sentir y sentirse. Y yo, que soy su amigo, seguiré con esta bitácora cofrade, poniéndola a su disposición, para ser eco de su voz y para dejar constancia de que sigue aquí.

Seguramente su Hermandad acabe olvidándole, pero él jamás olvidará a su Hermandad.

Sé que le duele el alma.

A mí también.




14 de mayo de 2007

FUTURO

Tengo un amigo virtual, poco conocido en mi realidad y casi médico (que no en ciernes), que cada vez que nos habla de su futura vida, rezuma pasión, ilusión, cariño y vocación (no sé si este es el orden correcto) en cada una de sus frases.

Cada vez que él cuenta algo sobre su vida académica o su futuro, y yo lo leo, hace que me retrotraiga a aquellos felices ochenta en los que, aun no pudiendo manifestarlo al mundo cibernético por carencias técnicas (aún andaba con el Sinclair Spectrum 16K), me veía como él, casi dueño de mi porvenir. ¡Qué fácil se veía todo gracias a la ilusión!

Cierto es que, después de más de dos décadas, no mantengo la ilusión, pero sí veo aquel futuro pasado casi alcanzado. Casi siempre quise ser lo que soy, aunque no sé si acerté de principio. Ahí está el elemento fundamental: conseguir que la elección inicial sea correcta. Para esto no sólo debe considerarse la vocación, la tradición, o siquiera la ilusa expectación. Para esto hay que ser consciente, además, de la auténtica realidad que nos rodea, que rodea a cada uno de nosotros individualmente, considerar factores mucho más prosaicos y...acertar. Si!, acertar para que el futuro no se vuelva en contra. Y el futuro es más que la carrera académica o la medicina rural. El futuro es toda una vida, ramificada vida, enraizada vida, en la que hay tanto a considerar que la ilusión unidireccional inicial puede perderse por no haberse podado a tiempo alguna de las ramas de esa ilusión. No es mi caso, pero pudo haberlo sido. ¿Por qué no?

Deseo que para el futuro, ese gran médico de pueblo que él espera ser, al igual que pudo hacer el abuelo Teófilo -quien jamás se preocupó de adquirir vivienda para poder estar donde fuese necesaria su medicina-, logre conjuntar todos sus futuros y sea feliz, viendo colmadas sus ilusiones, las cuales, como digo, se ven en cada uno de sus escritos. Y si, por avatares de la vida, no alcanza su objetivo y le vemos como eminente cardiólogo en algún importante centro sanitario o como valioso neurocirujano, o como médico familiar en cualquiera de los centros de salud que pueblan nuestras ciudades, que no se arrepienta nunca de haber tenido una ilusión. Eso siempre será una importante ayuda para superar otras etapas, seguramente menos agradables. En el alma siempre podrás ser médico rural... ¡Suerte!

(A lucano. Por su serenidad y por
estimularme a hablar de ese... "algo más".
Y al abuelo Teófilo, por supuesto.)

13 de mayo de 2007

¿NORMAL?

¿Cómo se puede consentir lo ocurrido ayer?
Han sido ya varios los cabildos dominicanos reventados por ese personaje que, aunque fuera de los mismos es anodino (yo diría que invisible si no fuera por sus vestimentas), cuando llega al interior de las aulas de San Esteban se transforma, le surge su mister Hide particular y, manifestando cuando menos síntomas de desequilibrio dignos de estudio, se dedica a interrumpir, molestar, insultar, en definitiva a alterar el discurrir del cabildo que, de otra forma, sería correctamente normal.
Es cierto que, como desde que comenzaron sus intervenciones, no hubo ratón capaz de colgarle el cascabel, a este gato le han crecido las uñas de la confianza, sabiendo que, haga lo que haga, la experiencia le dice que nunca le ocurrirá nada.
Es una verdadera lástima que, por personajes como este, la Semana Santa de Salamanca sea lo que es. Y luego se permiten el lujo de criticar a los que se preocupan porque esto vaya adelante, dejando tiempo, dinero y parte de su vida en este empeño, hasta que no pueden más.
¡Por favor! Hagan algo para detener esta situación. Si no está en la mano de la propia junta de gobierno, que lo hagan quienes se dicen amigos de este individuo. Por su bien y por el de todos.

11 de mayo de 2007

ERRE QUE ERRE

Peña,... Rosario,... Fátima,....
¡Algunos sois de goma!
¿Cuándo escarmentaréis?

REGRESO

¡He estado a punto de morir!
Bueno, más bien hubiera sido un suicidio. Pero, en un último momento de consciente lucidez, me he arrepentido de mi propósito, he abandonado la intención y he decidido no cumplir ese compromiso que ya había asumido. ¿Irresponsable? ¿Poco consecuente? ¿Cobarde? Posiblemente, pero, sinceramente, creo que no hay respuesta afirmativa para estas cuestiones. Simplemente, después de un largo periodo de búsqueda de mi propia identidad, de devaneos con el peligro, de asumir mis carencias, de aceptar amenazas y a los que me amenazaron, de olvidar mucha pasión, de pasar a la otra orilla... después de un periodo de inactividad, he decidido volver.
Sé que ahora, cuando quizá ya nadie se acuerda de mí, tendré más intimidad para volcar mis pensamientos en esta bitácora, no por abandonada dejada de querer. Sé que la Semana Santa de Salamanca ya no es para mí algo esencial alrededor de lo que girar mis comentarios. Por eso, espero que, aun respetando los orígenes, pueda ampliar el campo de actividad y, de vez en cuando, reflejar otras cotidianeidades ajenas al mundo del capirote. Pero, como de "nacencia" esto era para los cofrades, mantendré, desde mi actual lejanía de ese mundo, mi criterio y por supuesto mi independencia. La distancia, aunque voluntaria, no tiene por qué obligarnos a olvidar ni a dejar de amar.



Espero que, ahora que con seguridad mi identidad es cada día menos anónima, quien me lea sepa entender que habrá crítica, posiblemente dura, pero en ningún momento intención de hacer daño a personas o instituciones. Confío en la comprensión de los lectores, pero no por ello quisiera ver disminuida mi capacidad de crítica ni afectada mi integridad, las cuales creo no haber abandonado nunca.

En este tiempo. Poco tiempo. Han ocurrido cosas. Muchas cosas. Algunos se han ido. Otros se nos han ido. Los menos han vuelto. Mucho bueno y mucho malo. Todo, o parte, tendrá aquí su espacio. ¡Disfrutémoslo!