...Del Principio y De Mi Principio...

Quiero dejar en el aire un grito solitario que se perderá en el vacío virtual sin alcanzar ningún oído. O quizá sí alcance a algunos que, compartiendo o no mis reflexiones, se sientan estimulados por mis palabras y comiencen a construir desde lo que tenemos, desde nuestra Semana Santa, así, global, sin parcelas, sin cofradías ni cofrades que se “sientan” los mejores, pues... mi intención es hacer ver a todos los que me escuchen que TODOS somos los mejores.

31 de diciembre de 2007

Acabo de enterarme y debo comunicarlo con dolor.
Luis Santos de Dios murió el pasado 12 de diciembre, de repente, sin alharacas, silenciosamente. Y, seguramente ese destino en el que él nunca creyó, no quiso que nos enterásemos hasta hoy, aniversario del fallecimiento, también repentino, de su admirado don Miguel. Pues que así sea.
No sé qué más decir, pues mis palabras nunca serán como las suyas y su verbo murió con él. Sólo intentaré mantener su recuerdo.
Cordialmente,
Félix Torres

10 de diciembre de 2007

PROPUESTA

Cuando, con la llegada del nuevo obispo a Salamanca, tuvo que abandonar sus quehaceres habituales, lo sentí. Por él y por sus parroquianos. Por los albenses.
Cuando, con la llegada del nuevo obispo a Salamanca, fue nombrado Vicario General de la Diócesis salmantina, me alegré. Por él y por todos nosotros. Me alegré por la Semana Santa.
Florentino Gutiérrez, el párroco de Alba, el querido párroco de Alba de Tormes, pasaba a ocupar la Vicaría General de nuestra diócesis. Un acierto del nuevo obispo. Además, posiblemente por su implicación gustosa, continuaba como Delegado Diocesano de Apostolado Seglar, lo que aseguraba continuidad en la relación de la jerarquía episcopal con nuestras cofradías. Una relación agradable, fluida y cariñosa que, con interés y dedicación, comenzó antes de su nombramiento como Vicario. Una relación a la que estaba destinado, seguro, aun desconociéndolo, ya en el año setenta y uno cuando comenzó su presbiterado. Una relación en la que Florentino, don Florentino, puso y sigue poniendo todo su empeño, organizando actividades con las que implicar a los cofrades salmantinos, aun careciendo, generalmente, de respuesta.
Seguramente, de entre todas las propuestas pastorales que ha llevado a cabo, la actividad a la que ha dedicado más cariño y dedicación hacia nosotros, los cofrades, haya sido la organización de las distintas ediciones del "Curso Cofrade", su curso cofrade, que, a lo largo de los últimos años, ha dirigido con acierto e interés, a pesar de los altibajos en la respuesta.
Pero también, aparte de esta apuesta directa por la Semana Santa salmantina y sus cofrades, Florentino, don Florentino, ha sido amable y dialogante interlocutor con quien haya querido acercarse a él, por voluntad o necesidad.
De accesible trato, siempre está dispuesto a atender a quien se lo solicite. Con sus puertas siempre abiertas para todos y para todo. Abiertas a nuestra Semana Santa. Atendiendo e implicándose, con mayor o menor acierto según las circunstancias, a quienes a él se han acercado. Al menos esta es mi apreciación y como tal la cuento.
Considero a Florentino, don Florentino, porque así lo ha demostrado, una persona de trato afable y cercano. Con esa cercanía que te hace sentir bien cuando te guía hacia todo "eso" que los cofrades despreciamos habitualmente (aunque nos demos continuos golpes de pecho y, osadamente, confundamos liturgia con parafernalia). Cercanía que hace comprensibles aspectos de la religión que, si así no fuera, serían completamente desconocidos por la inmensa mayoría de cofrades. Pues no sólo posee el conocimiento, sino que es capaz de transmitirlo con esa sencillez que sólo los buenos maestros poseen, consiguiendo hacer agradablemente comprensible lo que siempre había permanecido en la ignota oscuridad cofrade, porque nadie se preocupó de contarlo, de contárnoslo, de manera accesible.
Así, es nuestro Vicario General, don Florentino, hombre culto y preparado. De verbo fácil y atractivo. Hombre de Iglesia y de Semana Santa.
Todas estas son premisas que, creo recordar, propuse en su día como condiciones que debería cumplir un candidato a pregonar nuestra Semana Santa. ¡Pues ahí está! ¿Qué más queremos? ¿Por qué no podría ser don Florentino Gutiérrez el próximo pregonero de la Semana Santa salmantina?
Desde aquí, yo le propongo.
Y a lo mejor, ...acierto.

4 de diciembre de 2007

RABO DE LEÓN

¡Cada vez se me hace más cuesta arriba!
No sé si será la época, pues, recién comenzado el Adviento, no es, ni mucho menos, momento propicio para acordarse de semanas santas. Aunque, también es cierto, que algunos la vivimos todo el año. ¿Entonces? Quizá no sea la época.
No sé si será el progresivo alejamiento de los círculos de actividad cofrade. Desde que asumí, creo que madura y maduradamente, mi separación de la semana santa militante, pasando a ser mero comentarista espectador, noto como un no sé qué, que hace que cada vez me cueste más estar pendiente de lo que acontece a mi alrededor. Aunque, también es cierto, todavía participo, más de lo que supuse, pues sigo siendo de los que la vivimos todo el año. ¿Entonces?
Quizá no sea el alejamiento.
¿Entonces?... No sé si será lo que, últimamente, veo en el día a día. Es como una corriente continua de errores y desgobiernos de la semana santa. Siempre desde mi más personal interpretación, por supuesto. Y le doy vueltas. Y le sigo dando vueltas. Porque como a algunos de los que la vivimos todo el año, me duele.
Hace ya tiempo que, hablando con algunos de quienes nos han gobernado y nos gobiernan, intenté hacerles ver las inmensas posibilidades que ofrece un cargo de este tipo para el futuro de la Semana Santa. Para el buen futuro de la Semana Santa, con algo de empeño que se pusiese. Por supuesto, futuro de conjunto, global, de cofradías y cofrades. Seguramente, mis interlocutores no es que hicieran oídos sordos a estos planteamientos, sino que no alcanzaron siquiera a alojarlos en la más deleble de las memorias temporales que pudiera poblar las diferentes áreas cerebrales de cualquier ser (inteligente o no), pues aquellas estarían ya ocupadas por ideas propias, lógicamente. Y, ¿cómo van a ser erradas las ideas propias? ¡Eso no es posible!, pensaría más de uno.
Desde entonces, seguramente de manera equivocada, me empeño en intentar hacer comprender a quienes quieran escucharme que, con interés y dedicación, desde esos cargos ahora trasnochados y vilipendiados por muchos, es posible una gestión de la Semana Santa que podría hacer que ésta alcanzase cotas de excelencia. Y que esto redundaría en beneficio de nuestra Semana Santa. Y que esto redundaría, además, en beneficio personal para los ostentadores de los mencionados cargos. En mayor, mucho mayor, beneficio personal que el que ahora pudieran tener u obtener con esta gestión. Pues no sólo sería "salir en la foto": ¡sería ser protagonista de la fotografía! ¡El centro de atención!
Pero hay quienes, por lo que parece, prefieren ser rabo de león. Pues lo siento, pero sólo quedarán para espantar moscas. Como perro de hortelano.

21 de noviembre de 2007

PLENO DE COFRADÍAS


Desde siempre supe que soy de entendedera corta. Por eso no me cuestiono situaciones y aconteceres que en mi diario son constantes y que, en caso de prestarles atención, alterarían con seguridad la estable felicidad en que me encuentro. Pero, hay veces que hasta los de razón escasa somos capaces de alcanzar a percibir la anormalidad del momento. Pues bien. Estoy en uno de esos ratos en los que, lúcidamente, creo, soy capaz de ver la situación. De ahí mi reflexión.
Resulta que, hace ya tiempo más que suficiente, la cabeza visible de nuestra Semana Santa, al menos a efectos oficiales, está desamparada, huérfana de cargos, tras las dimisiones y ausencias de prácticamente todos ellos. Por este motivo, ya me declaré partidario de una renovación en toda la composición de la Junta Rectora, empezando por su presidente, animando para ello a todos los miembros del pleno a asumir este reto como posibilidad de mejora en la Junta de Cofradías y sus quehaceres, aunque contaba, erróneamente, con la dimisión del que ahora es todavía quien ocupa ese sillón.
Tras este periodo en el que el vacío de poder se ha visto acrecentado (dudo que nunca haya existido un "lleno" de poder), veo que el presidente mantiene (¿estoicamente?) su posición sin ofrecer atisbo de cambio. Algo así como no dar el brazo a torcer. Es más, me comentan que ya ha mantenido conversaciones con posibles candidatos para la ocupación de cargos vacantes y que sus conversantes le han contestado afirmativamente, asumiendo el reto. Importante reto, creo yo. Rumores de corrala con vocinglería de vecinas, en todo caso.
Bueno. Es aceptable. Aunque sigo manteniendo que era un momento idóneo para la renovación y asunción de retos que posibilitasen el cambio. Un enfoque diferente que muchos plantean en corros y corrillos pero que, por lo que parece, al final será agua de borrajas.
Bueno. Es aceptable. Aunque sigo pensando que se han cometido suficientes errores como para que, entre todos demos un golpe de timón y exijamos responsabilidades a quienes deban serles exigidas.
Bueno. Es aceptable. Porque, seguramente, va con nuestro espíritu. Porque somos de perdonar antes de que se nos confiesen los pecados. Con tal de no cambiar, ni a mejor ni a peor, somos capaces de dejar pasar lo que otros considerarían injustificable.
Pero, en cualquier caso, va siendo momento de que quienes, por sus cargos, deben estar al tanto de estas situaciones sean informados. Es el momento y aún no han sido convocados nuestros representantes para ser informados de los últimos acontecimientos. Es gravemente sangrante que quienes ostentan la máxima representación plenaria de cofradías, hermandades y congregaciones, nuestros Hermanos Mayores y Presidentes, hayan tenido conocimiento de los cambios en la Junta Rectora de la Semana Santa salmantina por su publicación en prensa. ¿No va siendo hora de que se convoque un pleno y nuestros representantes sean informados? ¿Existe algún motivo que impida convocar a nuestros representantes para ser informados? ¿Existe algún interés en no convocar a nuestros representantes? ¿Existe interés?
Bien está que el presidente haya decidido continuar, pero que no piense que debe asumir los retos aislado del resto de miembros del pleno de la Junta de Cofradías. Que recuerde que sólo es un representante más, con algunos privilegios (¡¡!!) pero también obligaciones. Obligaciones a las que no puede dar la espalda. Obligaciones que debe afrontar para no hacer dejación de sus funciones.
A ver si al final voy a estar equivocado y hay una Mano Negra...

19 de noviembre de 2007

TODOS POR IGUAL

Acabo de ver cómo un amigo hace la última entrada en su diario compartido. En ese en que todos son por igual y todos son tres, divinamente uno y trino.
Lo primero que he pensado ha sido en este maldito otoño, que nos hiela el cuerpo durante las despejadas noches de luna creciente. ¡Otra hoja más que se cae! Esto es lo que me ha venido a la mente.
¡Este maldito otoño que endurece lo que toca impidiendo cualquier sementera!
No me extraña, por ello, que todo esté parado. Que no haya ganas de seguir viendo que los nuestros no dejan de ser sino gritos en el vacío, que no es que nadie escuche, sino que no suenan.
Otros, que también lo sé, afectados igualmente por estas heladas nocturnas, hacen de su participación en esta corrala virtual de diarios, un esfuerzo cada vez más notable. Y se aprecia en sus palabras. Pierden la calidez y llegan a cortar como gélidos cuchillos de afilado borde. Confiemos en que la tibieza de los soles matinales sea suficiente para que, poco a poco, sin prisa, con sentimiento, como una elegante chicotá, esas palabras vuelvan a recobrar la alegría que ahora han perdido y, entre todos, sacar adelante esta faena.
Otros, los más, han pasado a un barbecho hibernante en el que cómodamente inactivos esperan la llegada de un motivo. En el que, a pesar de la calma, en cuanto su tierra sea removida, volverán a dar frutos para una cosecha cuaresmal, cuando todo se despierta y se pide algo más.
Acabo de ver cómo un amigo insinúa no sé qué excusas para dejar de construir palabras. Sé que no lo abandona, sino que prefiere la intimidad de otros foros, más cercanos, familiares, en los que se siente arropado y su ánimo puede recuperarse de vaivenes desagradables. Sé que él seguirá por aquí. Por eso le digo que está bien. Que seguiremos aquí y allí. Que seguiremos intentándolo mientras nos lo permitan. Cada uno en su posibilidad. Cada uno en su fuerza. Cada uno en su casa, confiando en que todo puede arreglarse. ¡Y las flores son su casa y su esfuerzo! ¡Y qué le voy a decir yo de siembras y cosechas!
Seguiremos viéndonos, aunque sea como anónimos.
Hasta su vuelta, que la habrá, aquí estamos.

16 de noviembre de 2007

TÉMPORAS

El siguiente texto estuvo preparado para el día mencionado en su primer párrafo. Quizá la dejadez o, quién sabe, la inoportunidad, hicieron que quedase reposando en el cajón de las cosas innecesarias al que siempre acabamos recurriendo cuando algo no está en el lugar que le corresponde.
Mañana sábado, las gentes de la VeraCruz van a reunirse para recordar a sus difuntos y yo estaré con ellos. Pues yo también tengo mis difuntos. Pero, ¿por qué limitar las intenciones? Cuando varios se reunen con causa común, se debe aprovechar cualquier iniciativa o intención. Por eso, recordando las siguientes palabras, me he decidido a sacarlas del polvoriento baúl y dejarlas en esta estafeta pública. No sé si acertadamente o no.
Este es el comentario:


El día de hoy, 5 de octubre, es el señalado por la conferencia episcopal española para la celebración de la jornada de las Témporas. Sí, esas que, en el dicho popular, nada tienen que ver con el lugar considerado, entre otras cosas, como el más allá de la espalda.
Las Témporas, aparte de argumento fundamental del refrán, constituyen una antigua y tradicional institución litúrgica íntimamente ligada a las cuatro estaciones del año, cuyo objeto fundamental es el de reunir a las comunidades, instando al ayuno y a la oración, con el propósito de dar gracias a Dios. Son, por tanto, días de plegaria y de acción de gracias que la comunidad cristiana celebra con una característica básica: el ayuno.
Seguramente la acción física, el hecho de renunciar a los alimentos como parte de la oración, haya caído en desuso generalizado. ¡Ya no se ayuna ni en Cuaresma! Pero lo que sigue vigente es el fin de la jornada, la disculpa de poner fecha a algo que debe realizar todo cristiano a diario. Se ve, además, con ello que la moda de asignar fechas a causas concretas es algo que viene de antiguo, es "tradición".
Pues por qué no aprovechar estas Témporas otoñales y pedir. Orar por necesidades y necesitados. Aprovechar para revisar nuestro interior, escudriñar nuestras intimidades y, uniendo a esto nuestra condición cofrade, hacer humilde ejercicio de oración y, seguro que necesario para todos, propósito de firme enmienda.
Y también, por supuesto, hacer de este día una jornada de acción de gracias, pues es mucho lo que debemos agradecer. ¿O no?

11 de noviembre de 2007

MEMENTO MORI


Domingo tarde. Vuelvo de viaje con la única intención de relajarme en casa. Lectura de prensa y la tarde deportiva en cualquiera de las emisoras que suelo escuchar. Descanso. Algo de sofá para enfrentarme a la semana que comenzará antes de que me dé cuenta.


Página 9 de "La Gaceta Regional". Leo sorprendido, aunque no me sea desconocida la noticia, que se formaliza la dimisión del Vicepresidente de la Junta de Cofradías y ésta arrastra a la del Tesorero de la misma. Sale a la luz parte de lo que, aunque de forma solapada por discreta, intentaba comentar hace unos días.


Ahora es público. Ahora es notorio. Pero, hay más. Mucho más. Ya llegará.


En estos momentos, en los que el cansancio del viaje actúa como inhibidor de la fluidez necesaria para analizar críticamente estos hechos, no quiero, sin embargo, dejar pasar el momento y que, por tardías, mis palabras pierdan la frescura de la inmediatez. Por eso, sólo unas líneas continuadoras de la reflexión anterior.


Hace ahora casi un año, la Junta de Cofradías a través de su órgano más numeroso, el Pleno en el que están representadas todas nuestras cofradías y hermandades, renovó su confianza en un Presidente que acababa de finalizar mandato, concediéndole la posibilidad de continuar con un nuevo periodo. Así. Sin más. Pero esto ya lo critiqué en su momento y no será ahora cuando lo retome. No obstante, de todo aquello, lo que sí recuerdo es que el mismo día de su elección, el Presidente-candidato ya contaba con su equipo de confianza y así lo dijo. -...¡Bueno!, al menos sigue con quienes ya estaban con él y le sacaron las castañas del fuego en tantas ocasiones-. Así pensamos muchos. Porque estoy seguro de que por sí solo...


Ahora, tras un año de mandato, ninguno de los que le acompañaron en aquél momento está ya a su lado. Algunos se fueron nada más comenzar y otros acaban de hacerlo. Ahora, el presidente de la Junta está solo. Digan lo que digan.


No quiero evaluar su gestión, ni lo voy a hacer; entrar en si ha sido buena o mala. Esto queda para charlas de café. Creo que, en su momento, ya manifesté mi opinión y, esto sí lo puedo decir, la mantengo. La mantengo más consciente, más consolidada y con mayor número de elementos enjuiciables.


Lo que quiero ahora, continuando con lo que dije hace días, es que nuestros representantes en la Junta de Cofradías recapaciten sobre la situación. Que evalúen si un presidente que ha sido abandonado (o ha necesitado renovar) por todos los cargos de confianza que de él dependían es el mejor para continuar al frente de esta nave.


Lo que quiero ahora es que nuestros representantes en la Junta de Cofradías aprovechen la situación y propongan, se propongan, una renovación exhaustiva de este órgano.


Lo que quiero ahora es que, de una vez por todas, si pudiera ser, la Junta de Cofradías pase a ser lo que debe ser. Un elemento de integración de todas las semanas santas que vivimos a lo largo del año. Que deje de ser un mero gestor de subvenciones, aplicadas con mayor o menor acierto en partidas más o menos justificables, para comenzar a representar a todos los cofrades salmantinos, a nuestra Semana Santa (ahora sí, con mayúscula), sin miramientos ni discriminaciones, buscando el bien común y, sobre todo, sin entrometerse en el día a día de nuestras cofradías y hermandades, sin imponer criterios y normas que afectan sólo a unos, en beneficio (interesado) de otros.


Lo que quiero es que nuestros representantes en la Junta de Cofradías aprovechen la situación y remuevan de su cargo a un presidente que ha perdido todo lo que aportó (no sé si poco o mucho) para su renovación en el cargo.


Lo que quiero es que nuestros representantes en la Junta de Cofradías se den cuenta de la importancia del cargo de Presidente y actúen responsablemente.


Así, creo que muchas de las reticencias que casi todos tenemos hacia la Junta de Cofradías podrían ir desapareciendo poco a poco. Creo que se podría ir adelante e integrar todas esas semanas santas dispersas, con intereses variopintos y pesos diversos en nuestras hermandades y cofradías, en una Semana Santa (sí, también ahora con mayúscula) en la que lo más importante no fuese decidir cómo gastar las subvenciones (cosa de por sí importante), la ubicación de autoridades en los cortejos (cosa de por sí importante), el caritativo reparto de míseras cantidades económicas entre hermandades y cofradías, dando la sensación de "reparto de clámide" (cosa de por sí importante), u organizar actos, sin sentido en muchos casos, por la falta de previsión y de programación (cosa de por sí importante). Una Semana Santa en la que la Junta de Cofradías sirviese de elemento canalizador de los intereses de las cofradías y hermandades, sin necesitar tener intereses propios. Una Semana Santa representada, bien representada, por esta Junta (por su Presidente) en foros y órganos, pero sin restar protagonismo a sus propios representados. Una Semana Santa, en fin, en la que la Junta de Cofradías, con su Presidente al frente, fuese capaz de integrar todos los intereses comunes de nuestras cofradías y hermandades respetando los intereses particulares de todas y cada una de ellas, actuando en su caso como intermediador pero jamás como juez y parte en defensa de poco claros intereses propios o de parte.


En definitiva, y ya habrá momentos en los que volver a tomar el tema, necesitamos una Junta de Cofradías que represente a nuestras cofradías y hermandades pero que no usurpe su identidad. Que cumpla con su misión. Una misión encomendada por nuestras hermandades y cofradías para lo que todos deberán renunciar a parte de sus intereses. Una misión, en fin, que permita a todos sentir a la Junta como nuestra, como algo de nuestra Semana Santa, y no como un cónclave de viejas glorias sin función ni sentido. Una misión que nos permita considerar a la Junta de Cofradías como órgano máximo de nuestra Semana Santa sin menoscabo de lo que todos y cada uno de nosotros consideramos como máximo: nuestra cofradía.

8 de noviembre de 2007

CARPE DIEM




Vuelvo a insistir. No se puede considerar mi memoria como la mejor herramienta para ser usada como agenda, pues con cada día le aparecen nuevos orificios por los que se escapan sus contenidos, convirtiéndola más en filtro de abstracciones que en almacén de datos.


Aun así, a pesar de este carácter selectivo que está adquiriendo para mis recuerdos, consta entre ellos una ¿sentencia? que dejé entre estas notas hace días: "Porque, al final, con justicia, se alcanza la verdad, se descubre a los tramposos y caen los dictadores. Tiempo al tiempo. Y... atención a lo que se acerca."


Pues bien. Parece que "lo que se acerca" está más próximo de lo que algunos imaginábamos. Al menos eso creo.


Ahora, los aires otoñales responsables de mecer las hojas de los árboles ya decrépitas y amarillentas, obligándolas a caer para facilitar una sana renovación, también van a remover algunos órganos de dirección de la Semana Santa salmantina.


Se respiran aires de cambio. Aires frescos que, por la cercanía invernal, podrían helar el ambiente si se les deja avanzar. Cambio de magnitud desconocida, pero cambio al fin.


Posiblemente se abra una nueva oportunidad para que unos cuantos privilegiados (¿?) puedan acceder a ese cargo al que en su día (y no hace tanto de ello) renunciaron por no perder la cálida comodidad del anónimo far niente.


Digo que son unos cuantos privilegiados, pues sólo aquellos que han pasado por la más alta jerarquía dentro de una hermandad o cofradía pueden ser considerados como tales. De ellos, la mayoría son nuestros Hermanos Mayores, quienes desde su responsabilidad, trabajan más o menos activamente por su cofradía y el resto, los menos, felices jubilados que, desde su emeritazgo, todo lo más han continuado su tarea cofrade junto al resto de sus hermanos, después de haber probado el agridulce sabor del cargo.


Posiblemente ahora, todos ellos tengan una nueva oportunidad de ponerse al servicio de nuestra Semana Santa y sus cofradías. Posiblemente ahora, sea el momento de recoger un testigo, empañado su brillo por manoseado, y pulirlo para recuperar el resplandor de esta pasión que nos invade.


Posiblemente ahora, uno de esos candidatos tenga la oportunidad de llevar a la práctica todo aquello que en su día, entre los humos aromáticos de las tertulias, a la vera de un café, o en nuestros cabildos y juntas generales, les sugerimos para bien de nuestra Semana Santa. Así lo creímos y así lo defendimos. Y defenderemos.


Seguramente sea momento de comenzar un nuevo ciclo. Creo que así debe ser, pues del actual no sé si ha alcanzado un exahusto agotamiento o ha pasado a convertirse en vicioso. Círculo vicioso.


Necesitamos renovación. Renovación con consenso, con la anuencia no sólo de los que participan en los plenos de este máximo órgano, sino de los cofrades salmantinos. Al menos de los que manifiesten interés y sientan preocupación, que los hay, y más de lo que muchos piensan. Nuevas personas para nuevas ideas.


Sé que ya lo pedí. Hace ya más de un año (¡maldita memoria selectiva!). Pero insisto, pues suscribo tal cuál todo lo que escribí aquél día (http://lsantosdedios.blogspot.com/2006/10/elecciones.html). Animemos a quienes pueden, a participar en esta renovación, para que después no haya que lamentar la omisión. No podemos repetir nuestros errores. Debemos mirar bien la piedra para no volver a tropezar con ella al confundirla entre la hojarasca.


No sé si será así, pero parece que el frío traerá novedosos cambios. Si así fuese, aprovechemos la oportunidad. En nuestras manos queda. Carpe diem.

31 de octubre de 2007

SANTOS DIFUNTOS


Desde hace mucho tiempo, vivo estos últimos días del otoñal octubre con un sentimiento especial. Bueno, debería decir dos sentimientos, pues, conforme pasan los años y veo cada vez más lejanos muchos recuerdos, son éstos, días de sentida añoranza hacia los que nos dejaron, que aumentan a la par que la edad y las arrugas.


Una marca especial es la que, desde siempre, desde mi más lejana infancia, me ha dejado el Santo Negro, "El Santito" (como siempre fue llamado en casa), San Martín de Porres. Es una impronta especial. Un sentimiento cómplice hacia él y hacia su misterio. Pues su vida de leyenda siempre tuvo para mí un no sé qué misterioso que me hacía verlo como alguien familiar pero lejano.


Siempre hubo por casa reliquias del santo; recortes de ropajes que, si se recompusieran, podrían haberme servido para confeccionar el mejor de los hábitos dominicanos que nunca hubiera podido soñar. Pero jamás osé sacarlos de la carterita que los custodiaba, junto a la imagen del santo, para tocarlos. Sería como faltarle al respeto, como paganizar el pequeño pedazo de tela santificada. Pero siempre que tenía ocasión los miraba fijamente, con admiración hacia aquel santo, negro y americano (¡qué lejos quedaba a los ojos de un chaval provinciano!) del que conocía la vida como si la hubiera tenido que estudiar. Pero esa vida no era objeto de los libritos de Historia Sagrada que leí en aquellos tiempos. No. Fue una pasión heredada. Mamada junto a la leche materna, podría decirse, pues de una madre lo que mejor se aprende es lo mamado. Y fué ella la que me imbuyó todo su amor por el Santito.


Aún hoy, todos los noviembres sigo fiel a San Martín y le visito, para charlar de nuestros recuerdos, en su capilla de San Esteban. Y nos felicitamos mutuamente por haber alcanzado un año más. Y comentamos, como cada tres de noviembre, aquella película (¡del 61!) en la que René Muñoz recreaba el amor que irradiaba Martín, con la escoba que le sirvió de báculo durante toda su vida, haciendo comer en el mismo plato a perro, gato, paloma y ratón. Sé que me espera y yo aguardo al día para volver a reunirnos.

Decía, también, tener otro sentimiento en estos días. Sentimiento más cercano, humano y compartido con muchos de quienes me visitan en esta virtualidad.

En este tiempo, en que la tradición nos hace recordar a nuestros difuntos, cuando aprovechamos la festividad del día dedicado a los Santos anónimos para recordar a nuestros santos familiares, de manera cada vez más íntimamente intensa recuerdo a muchos amigos, cofrades que se me agolpan para que, al menos este día, mantenga vivo su recuerdo y sea testimonio de su paso por nuestra Semana Santa. El transcurso inexorable del tiempo provoca que los rememorados sean cada vez más, que mis recuerdos sean cada vez más y que las canas sean también abundantes. Pero, es lo que tiene acumular años, que siempre vienen cargados de sueños y recuerdos.

Sólo quiero que se sepa que desde aquí, desde esta atalaya en la que me encuentro, hubo en mi vida cofrade muchos amigos a los que siempre tendré que agradecer haberme dedicado unos minutos, haber compartido unas sonrisas, haber vivido unos momentos... Son muchos los que han dejado una huella en mi alma cofrade. Seguro que ahora no soy capaz de recordar a todos y cada uno de ellos, por eso quiero en este día de los Santos desconocidos, de los Santos olvidados, de los que, aun sin saberlo, dejaron su marca en cada uno de nosotros, dedicarles un instante, para agradecerles todo lo que hicieron en su paso por aquí.

La memoria, mi memoria, siempre selectiva, mantiene vivos nombres que, ahora que están ahí, no quiero dejar en mi olvido compartido. Son nombres de cofrades, de personas que han disfrutado conmigo esta pasión, de amigos con los que he vivido. Y no puedo, no debo dejarlos a un lado. Quiero que sean recordados. Y quiero hacerlo por sus nombres cofrades, por los que fueron conocidos entre nosotros.

"Carlitos Gazol". El mejor abanderado que tuvo y tendrá la Semana Santa salmantina. Jamás le conocí un enemigo y su sonrisa, que pocas veces desaparecía de su cara, era la de un hombre feliz.

"Javi Pimpun". Buena persona en este mundo de lobos. Dió todo lo que tenía por su hermandad y seguro que en algún momento se le reconocerá.

"Ángel el fontanero". Con él compartí momentos inolvidables. ¿Quién no compartió momentos con Ángel?

"Pepe Casado". Longevo Hermano Mayor. Mi hermano Mayor. Prudente y buena gente. Siempre recordaré su sonrisa.

"Agustín del Via Crucis". También Hermano Mayor. También amigo. También compañero.
"Nacho Canal". El último amigo que se ha marchado. Hombre santo, cofrade y persona. Muchos le echamos en falta.

Otros serán quizá menos conocidos, más entrados en círculos íntimos, pero también cofrades, también hermanos. No es mi memoria el mejor almacén de recuerdos con nombre propio, pero aún soy capaz de traer a Manolo (el de la Mercedes), a Ángel (el guardia), a Puri, a Cristina, a Chuchi, a Óscar, a Ricardo... Creo que se me agota la lista nominal, pero de los demás sé que están ahí, que serán recordados siempre por alguno de nosotros, por algún cofrade. Santos cofrades. Santos difuntos.

12 de octubre de 2007

LA MANO NEGRA

Cuando aquél día de la primavera de 1883 era ajusticiado Pedro Corbacho, muchos vieron satisfechos sus anhelos de venganza. Era el fin de la Mano Negra. Se hacía justicia.

¿Se hacía justicia?
De la Mano Negra nunca fue constatada su existencia. Aun así, la posibilidad de poder descargar conciencias sobre “los otros” era algo difícil de ser rechazado. Pero jamás pasó de ser un rumor, que creció y creció gracias a vientos favorables, pero carente de la más mínima solidez. Y este rumor fue capaz de, por si solo, llevar a prisión a más de cinco mil personas. Esta falacia consiguió que Pedro Corbacho perdiese su vida por mor de una injusta sentencia. La tensión social debida a la escasez de las cosechas permitió que el símbolo de la mano negra circulase por Cádiz como reguero de pólvora, favoreciendo los intereses de unos cuantos que, casi con seguridad, fueron los auténticos artífices de esta entelequia. Lo lograron y se beneficiaron con ello. Pero los pobres campesinos de esas tierras de sol y vid, olvidaron los fandangos y tanguillos para sufrir en sus propias carnes la consecuencia de la mentira. Y Pedro Corbacho, murió.
Sirva esta personal interpretación de las decimonónicas revoluciones campesinas para aplicarnos la moraleja.
Muchos cofrades salmantinos creen que la Mano Negra sigue actuando. Que ha transportado su espíritu hasta estas tierras leonesas tan enamoradas del sur donde nació, y se ha introducido en algunos de nuestros hermanos cofrades, dirigentes o no, permitiéndonos hacer de ellos sospechosos de todo lo que se nos representa como contrario a nuestros intereses; dejándonos el terreno despejado para que, sin dolor de conciencia, podamos ensañarnos con ellos como si de trapo fueran. Sé que es duro y difícil ser ecuánime cuando, esto también es cierto, algunos de estos sospechosos han tenido actuaciones más que criticables en su personalismo directivo. Pero no siempre es así y no todos los burros comen del mismo pienso.
Seguramente la Mano Negra existió para algunos, quienes fueron capaces de perpetrar fechorías amparados por la aparición de la “organización”. Fueron esos y sólo esos, los merecedores de la acción de la justicia, pero ésta fue, seguramente por facilidad y guiada por intereses muy particulares, contra quienes nada tuvieron que ver en el asunto, quedando impunes los primeros.
Seguramente, algunos de quienes dirigen nuestra Semana Santa han actuado de forma cuestionable más de una y de dos veces, pero de ahí a pensar en la existencia de una Mano Negra media un abismo.
Creo que la Mano Negra no existe. Creo que hay actuaciones equivocadas pero que no debemos disparar a todo lo que se mueve sin antes interesarnos por el conocimiento de la verdad. Creo que no es bueno generalizar sólo porque así se ven cumplidos nuestros intereses de crítica y venganza, alimentados por rumores variopintos e interesados. Creo que no todos son blancos ni negros. Creo que hay muchos grises con infinitas tonalidades; que todos somos más o menos grises y que todos, en algún momento, hemos querido imponer nuestro criterio por encima de la razón y de los demás, dándo pábulo a rumores interesados. Equivocadamente. Creo que todos soportamos nuestro pedacito de cruz y debemos resignarnos a ello.
No veamos manos negras donde lo único que hay son personas que se equivocan. No hagamos de pequeñeces, auténticas revoluciones que nos conduzcan a peores estados.
Ruego por que seamos capaces de comprender, sin aprovechar nuestras situaciones y condiciones para descargar toda nuestra inquina en “los otros”. Olvidémonos de manos negras, aunque a veces parezcan estar ahí.

¡No volvamos a ejecutar a Pedro Corbacho en su segura inocencia!

7 de octubre de 2007

ROSARIO

Seguro que cuando Santo Domingo recibió el rosario de manos de la Santísima Virgen, aun imaginando el futuro que esperaba a esta oración, no tenía previsto todo lo que aconteció posteriormente.
Seguro que cuando San Pío V fue iluminado por la Virgen para la institución litúrgica del Santísimo Rosario, no se imaginaba la trascendencia de su decisión. O quizá debiera decir las trascendencias, pues son varios los argumentos posibles que me rondan la cabeza y todos ellos relacionados con esta fiesta que hoy celebramos y con gentes muy cercanas a mí y a Nuestra Señora, la del Rosario.


De siempre he sentido una especial admiración por esta advocación religiosa y por cómo los frailes de la orden fundada por Santo Domingo han mantenido y defendido su espíritu a lo largo de más de ocho siglos.


Seguro que a Domingo de Guzmán, si le hubiéramos hablado de costales, habría pensado en sabe dios qué cosa, pero diferente con certeza de lo que se nos viene a nosotros a la cabeza cuando oímos esta palabra. Pero no le daría importancia.


Y hoy, en el acto principal de esta celebración, durante la Misa a ella dedicada, el oficiante en su homilía ha dado un toque que, a más de uno, debería haber removido la conciencia. Nos ha dejado por su boca las palabras de un General de la Orden de Predicadores. Sabias palabras que partiendo de la premisa de contemplar el rezo del rosario como algo rutinario, como una sarta de jaculatorias y letanías relatadas de forma inconsciente, nos conducen hasta considerar a éstas como si fueran la propia respiración. Son actividades que se hacen sin más, sin reflexión, inconscientes, pero imprescindibles para la vida. Y una vida que, como ya he dicho, dura más de ochocientos años. Una vida, la del rosario, que refleja casi por completo el evangelio (como nuestra Semana Santa) con todo su sentido y loa a la Virgen con frases que no por repetidas dejan de ser auténticas maravillas.


Y yo hoy, la he tenido más presente que el resto de los días, que ya lo es, y mucho. Pues compartir, aunque sólo sea el quehacer diario, sin estridencias, sin condiciones, aceptándonos tal como somos, es tanto al final, que perdemos la referencia y convertimos eso tan especial en parte de nosotros mismos, olvidándonos de que quien tanto comparte debe renunciar a mucho más de lo que imaginamos.


Hoy quiero que estas letanías de alabanza a la Reina de los Cielos sean algo más que simples jaculatorias recitadas sin sentido. Quiero que todas y cada una de ellas alcancen su destino con la consciencia de que son recitadas con todos los sentidos. Pues cuando son revisadas con atención, alcanzan a ser pura poesía. Quiero que esas letanías marianas lleguen al destino que todos y cada uno de nosotros tiene previsto para ellas. Y el mío es claro.


Seguro que Domingo de Guzmán, quien no sabía de costales, habrá sentido esta jornada como única. Y, sin pasar lista, pues no es ese su cometido, agradecerá como merecen a todos los que de esta fiesta han participado.


Somos cofrades. Formamos una cofradía diferente, exclusiva y consistente. Hemos alcanzado un momento en el que esta cofradía está tan asentada como si llevase siglos sobre la faz de la tierra. La unión fraterna ha llegado a tal grado que ha dejado de ser tal para convertirse en lo que siempre hemos querido: un verdadero matrimonio. Un matrimonio cofrade. Sigamos manteniéndolo.


Y hoy, como todos los años, he recordado mi llegada a estas tierras.


Y cofrades salmantinos, devotos de esta imagen, la han portado por su Claustro de Procesiones.


¡Me alegro!

4 de octubre de 2007

RENOVADORA RUTINA


Se me hace duro entrar cada mañana en estas páginas y comprobar que nada ha cambiado, que es lo mismo que ayer y que anteayer y que...

Se me hace duro querer escribir y no encontrar qué decir.

Se me hace duro mantener un ritmo de bitácora cuando los momentos no son apropiados, pues la distancia en tiempo y espacio me aproximan más a lo inmediato y mi "pasión" queda en lontananza.

Aun así, todas las mañanas entro en estas páginas para comprobar lo inevitable y además, aprovecho para visitar a los amigos, conocidos y desconocidos, que, como yo, seguro que también se topan cada mañana con esta cruda realidad. Con su cruda realidad. Pues no es fácil mantener constancia en este compromiso. Y estas visitas, carentes en su mayoría de resultados, me sirven para mantener un estimulante vínculo, para sentir que estamos ahí aunque no renovemos contenidos con la frecuencia que deseamos. Nos sentimos cercanos y participamos de una complicidad que resultaría ridícula si no fuésemos un elemento más del conjunto.

Por eso, hoy, casi con el cambio de calendario, me he propuesto escribir aun a costa de no decir nada. Sólo por la satisfacción de ver algo nuevo, cuando mañana cumpla el ritual de visitar mi bitácora. Sé que es pueril, pero estaré expectante por el cambio. Porque sé que esto me ayuda a mantener contacto con lo intangible, con lo desconocido, con lo virtual.

Y, sin embargo, a pesar de todo, siempre podemos encontrar algo que decir. Algo por lo que hacer que esta rutina sin ritmo se muestre útil.

Decir del pasado o del futuro, pero siempre algo que decir.

Decir que en lo próximo, terminan ciclos, de rosario y luz, de alegría y resignación para muchos de los que participamos. Luz que ha permitido el contacto cofrade con la disculpa de la imagen. Rosario que demostrará la unión por encima de todo, a pesar de pareceres.

Decir que hoy comienza un ciclo. Sesiones periódicas que harán de sus participantes, personas que puedan vivir el espíritu cofrade de forma más profunda, sin tener por ello que abandonar nuestra tradición.

Y, hablando de tradición,... tengo que insistir. ¡No volvamos a errores de un pasado tan presente!

Creo que las tradiciones no son buenas si ostentan como único argumento en su favor el de su perdurabilidad temporal. Creo que hay momentos en los que una tradición se asienta en el inmovilismo y deja de ser tradición para convertirse en yugo esclavizador. Creo que hay tradiciones que, llegado el momento, pierden todo su sentido y se transforman en elementos de distorsión y enfrentamiento.
Para poder construir es inevitable la destrucción. Y, de tener que romper, carguemos contra lo obsoleto, contra lo que ha cerrado su ciclo. Sé que es más cómodo permanecer en la cálida y segura quietud de lo conocido, pero, de vez en cuando, deben surgir revoluciones, movimientos que, luchando contra tradiciones incómodas y anacrónicas, posibiliten la expansión de las ramas tiernas que buscan propio acomodo alrededor del tronco materno. Corrientes que limpien las auténticas tradiciones de plastones y repintes a los que el paso del tiempo confirió condición de tradición sin ser merecedores de ello. Cofrades disconformes con lo establecido que, desde su compromiso con la auténtica tradición, no tengan que solicitar permiso para ser ellos mismos.

Debemos no sólo permitir, sino exigir, que se restauren las verdaderas tradiciones y se limpien de obsolescencia, para que resplandezcan de nuevo en estos tiempos, completamente recuperadas o incluso cargadas de novedad, sin tener que arrastrar rémoras de otros tiempos.

Sé de la futilidad de mis palabras. Sé de los sonidos escritos en el vacío. Pero tenía que decir algo, aunque no tuviera nada que decir.

21 de septiembre de 2007

PASO A PASO


He estado releyendo un librito que hace tiempo me recomendó un sacerdote amigo y que después de un tiempo en mi estantería merecía que fuese eliminado el polvo de su canto.

"Paso a Paso. Itinerario de fe para Hermandades y Cofradías", que este es su título, viene a ser ese nexo que todos los cofrades hemos reclamado de siempre como necesario para unir nuestra pasión por la Semana Santa (por las procesiones de Semana Santa) y esa formación religiosa que todos deberíamos poseer. Robando unas palabras de su presentación, realizada por Monseñor Carlos Amigo, los cofrades debemos unir nuestra condición de cristianos a nuestra presencia en el mundo, dando auténtico testimonio cristiano.

El libro se organiza en un itinerario de doce "tramos" a través del cual, y desde el sentimiento de Hermandad, nos orienta para llegar a ser Iglesia para el mundo gracias a la vivencia de nuestra fe. Todo ello con un esquema cofrade para los cofrades que hace del texto algo atractivo y fácil de seguir. Es una obra recomendable para todo cofrade que quiera ir más allá de la simple parafernalia de imágenes y procesiones, de cultos muchas veces sin sentido por desconocimiento y de "paganización" inconsciente por falta de acercamiento o incluso de rechazo hacia la doctrina.

Hay muchos cofrades, anónimos en su inmensa mayoría, que viven la Hermandad con fidelidad a estos argumentos y que no necesitan nada más para sentirse felices en la vivencia de su fe. Son muchos los que se acercan regularmente a participar en la actividad eclesial sin necesidad de manifestarse a los demás. Son muchos los que, desde el anonimato voluntario, pasan desapercibidos ante los demás, dejando que se pierdan valores que podrían ser muy beneficiosos para la comunidad.

Otros cofrades nos manifestamos públicamente con mayor profusión, aunque en muchas ocasiones perdemos el horizonte que nos debe guiar y nos quedamos en la parte más superficial de nuestra fe. Somos muchos los que vivimos pendientes de lo importantemente accesorio de nuestra Semana Santa, olvidando que esto no es sino un medio para hacer llegar a los demás (y a nosotros mismos) el verdadero sentido del Evangelio, de la auténtica liturgia que nos permita a través de nuestros actos una vida de verdadera comunión con Dios y perdemos la consciencia de que somos miembros de la Iglesia. Muchos somos verdaderos elefantes en cacharrerías, que, por hacernos notar, queremos llegar lo más rápidamente posible a la cúspide de la pirámide cofrade, saltando los peldaños de dos en dos y olvidándonos de cuestiones fundamentales como la oración, los sacramentos y, sobre todo, el testimonio. Seguramente tenemos también valores ocultos que podrían ser muy beneficiosos para la comunidad.

Algunos otros, el resto, los menos, viven su pertenencia a una cofradía con calma, con criterio, Paso a Paso, viviendo la fe desde la experiencia de ser cofrade. Son esos que, aun habiéndose dado a conocer, pues todos sabemos quienes son, no lo han hecho sino por el mero interés de servir a los demás, de participar activamente en la iglesia a través de su cofradía, de aportarse dando todo lo que son capaces de compartir. En definitiva, aprovechando de forma adecuada los "talentos" que recibieron para poder devolverlos multiplicados con sabiduría. Son cofrades de excelencia que deberían ser ensalzados por todos nosotros y sin embargo son generalmente obviados por todos pues no están en ninguno de los dos bandos mejor definidos. Son estos los verdaderos cofrades que deberían regir nuestras cofradías. Es de éstos de quienes deberíamos aprender los demás. Son éstos el verdadero bastión que debiera mantener esta tradición tan amada por todos nosotros. Para los demás, por exceso o por defecto, no sería malo que, de vez en cuando, acudiésemos a textos de formación como el libro mencionado en el principio de este escrito, pues lo estamos necesitando.

Por cierto, el librito que menciono es la punta de lanza de una serie de textos cofrades que se continúa con sugerentes títulos como "La Pasión Paso a Paso" o "Representaciones de la Pasión".


1 de septiembre de 2007

RONRONEA EL GATO

¡Llegó el momento!
Tras intensas semanas de, imagino, febril ajetreo y preparación, ha llegado uno de los momentos, imagino, más ansiados por él.
De entre sus múltiples ocupaciones, que le embargan prácticamente todo su tiempo, ha sido capaz de reservar unos momentos para celebrar el sacramento matrimonial. Ha conseguido despejar un poco su mesa de trabajo y, como uno más, como hemos hecho muchos, Julio se casa.
Imagino que durante todo este día los nervios se irán apoderando de él, haciéndose cada vez más presentes hasta el mismo momento de la ceremonia, a pesar de ser hombre curtido en cientos de batallas políticas y ciudadanas. Pero llegará al altar, de forma parecida a los que le precedimos y a los que le sucederán, y se relajará disfrutando de momentos inolvidables. Sí. Julio se casa.
Y, ¿qué tiene esto que ver con mi Semana Santa?
Pues no sé si será por su condición de concejal de festejos,... o de turismo,... o de comercio, pero, por alguna de ellas o por otras por mí desconocidas, lleva un tiempo siendo considerado el responsable municipal de la Semana Santa. Podría haber dependido del concejal de tráfico, o del de cultura, incluso del que sea responsable de asociaciones varias, o, en el culmen de la presencia municipal, podría ser objeto directo de la alcaldía-presidencia. Pero no. Hace ya tiempo que los vinculos municipales de la Semana Santa salmantina pasan a través de Julio López Revuelta, Concejal de Festejos, Turismo y Comercio del Ayuntamiento de nuestra ciudad.
Y será, seguramente por esta condición con atribuciones no escritas, por lo que la Semana Santa salmantina quiere estar presente junto a él en este día tan señalado. ¿Será por esto?...
Así, hoy, día en que se cumple este deseo de Julio de formar una familia, me viene a la memoria cómo en el último pleno de la Junta de Cofradías de Salamanca, con la anuencia callada de casi todos los representantes cofrades allí presentes, se decidió realizar un regalo a este edil por tan importante acontecimiento. ¿De verdad? Como lo cuento. ¡De verdad!
Este hecho, que debo comenzar diciendo que considero ridículo y fuera completamente de todo lugar, no pasaría de ser una mera anécdota risible, si no fuera por los precedentes que ya obran en el haber de nuestra Junta de Cofradías.
No ha bastado con invitar a pregonar nuestra Semana Santa a personajes públicos sin currículo que avalase merecer tal condición (alcaldes, rectores o presidentes de cámaras de comercio), o, incluso, hacer que una procesión, la procesión más tradicional de nuestra Semana Santa, dependiese, entre otros argumentos, de la ubicación de alcalde y concejales en el cortejo, cuando ya habían demostrado que eran capaces de abandonar su ciudad en esas fechas cambiando sus aires por otros más cálidos y costeros.
Bien es cierto también, y hay que reconocerlo caballerosamente, que con este ayuntamiento y este concejal, la Semana Santa salmantina ha visto seguramente los mejores momentos de los últimos tiempos, alcanzando niveles insospechados hace tan solo unos años. Se ha realizado un convenio muy favorable económicamente a nuestros intereses, facilitando restauraciones de imágenes e, incluso, nueva imaginería; la colaboración municipal en nuestras procesiones es excelente, con la participación de diferentes servicios municipales para el buen desarrollo de las mismas; alcalde y concejales participan en los actos organizados por nuestras cofradías, llegándose a otorgar la medalla de la ciudad a una de ellas como expresión de máximo reconocimiento; y, es mi parecer, la Junta de Cofradías tiene abiertas las puertas del Ayuntamiento en cualquier momento. Y por ello, por todo ello, seguramente de forma acertada, se otorgó al señor Alcalde el nombramiento de Cofrade de Honor. Respuesta institucional a actos institucionales.
Quizá por todo lo anterior, la Semana Santa, mi Semana Santa, haya decidido por asentimiento, silencioso y consciente, participar "oficialmente" en la ceremonia nupcial del edil "responsable" de la Semana Santa (ceremonia a la que ni siquiera han sido invitados, lógicamente) con un regalo (seguro que una de esas placas de alpaca a las que somos tan aficionados).
Esto es, según mi débil criterio, mezclar churras con merinas. Se ha confundido una ceremonia privada, carente de protocolo oficial, con un acto institucional en el que la Semana Santa de Salamanca, en caso de ser invitada, tuviese algo que decir. Creo que, si finalmente tiene lugar la entrega de dicho regalo, se tratará de un acto en el que se han embarcado nuestros representantes por la incapacidad manifiesta de casi todos ellos de oponerse críticamente a estas cosas. Creo que la intención va más allá del simple detalle y, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, se busca algo más que desconozco. Podría decirse que adulación, pura y dura, o lo que en tierra de mis padres siempre se dijo: "hacer la rosca", pues algo busca el gato cuando ronronea. Y la Junta ha ronroneado.

29 de agosto de 2007

NIVEL


Tengo un amigo, cofrade heterodoxo aunque amante de la Semana Santa desde su niñez, que siempre que puede me dice lo mismo: "La Semana Santa de Salamanca está en malas manos o, al menos, en manos equivocadas".

Este amigo mío, como digo, es cofrade de toda la vida, lo cual le viene de casta. Sabe ser reflexivo cuando quiere y, sobre todo, suele exprimir, de forma monocorde y hasta la obsesión, una idea o pensamiento.

Pues, este cofrade salmantino amigo mío, piensa que nuestra Semana Santa debería estar en manos (o en mentes) que el dice "de privilegio". Esto es, personas con estudios y cultura (de la que el tiene más de lo que sospecha), capaces de dirigir al resto simplemente por su condición académica "superior". El cree que los dirigentes de la Semana Santa no pueden ni deben ser personas del pueblo llano, obreros o jóvenes que, según él, insisto, carezcan de la adecuada preparación e, incluso, presencia física como representantes de un colectivo tan importante como el de los cofrades salmantinos. Siempre que puede, me dice que hay que renovar a los que están dirigiendo las cofradías. No porque no lo hagan bien, ni mal, sino porque deben ser "los de nivel" los que ocupen esos cargos.

Este amigo mío sabe que no soy de su opinión y que, aunque me cueste hacérselo entender, se lo argumento y argumentaré hasta el final (ad aeternum poniéndome más pedante de lo que aún soy). Sólo hay que recurrir a la historia de la Semana Santa y de las cofradías, desde sus origenes, para saber que es él quien se equivoca. Desde siempre (ab initio, más pedantemente) fueron los gremios artesanos o de trabajos varios los que se preocuparon por la atención hacia sus semejantes, creando agrupaciones que derivarían en cofradías para mejor atender a este interés común. De todos es sabido que sus ideales se centraban en la atención directa hacia sus semejantes y que esto derivó, siguiendo distintas intenciones, hasta la catequización popular expresada en las procesiones penitenciales. Seguramente, el camino que hubo de recorrerse no fuese sencillo, ni corto, pero, lo que si es meridianamente claro es que de forma casi exclusiva, siempre estuvo en manos de gente sencilla, con interés en el fin más que en la forma, sin necesidad de sentirse reconocidos ni admirados. Gentes, en fin, con un corazón dedicado al servicio hacia los demás, sin otros miramientos.

Y creo que este es el fundamental de los motivos por los que las cofradías han perdurado a través de los siglos. La igualdad sin discriminación, la aceptación de cualquiera que se sintiese cercano a los fines cofrades sin tener en cuenta su posición en la sociedad.

Seguramente, si las cofradías hubiesen sido obligadas a ser dirigidas por elementos sociales relevantes, los distintos y numerosos intereses, ajenos todos ellos a los fundamentales de las cofradías, habrían supuesto la desaparición de la mayoría de ellas. De hecho, apenas quedan recuerdos de las escasas cofradías creadas por y para las elites sociales o culturales.

En la actualidad, nuestras cofradías son herederas de ese espíritu que se mantiene desde siempre. Siguen sin tener en cuenta el origen y trayectoria de sus integrantes, salvo lo tocante a las exigencias básicas de pertenencia a las mismas. Y no se exige relevancia académica o cultural ninguna para pertenecer a las juntas directivas; y esto es bueno, pues se permite la participación de todos los cofrades en igualdad de condiciones. Y se demuestra, como se ha hecho durante siglos, que la capacidad no está en función del nivel de estudios, sino del nivel personal de cada uno de los cofrades. Pues la cultura cofrade es algo que no se adquiere en academias sino con la tradición y en el día a día, aunque tampoco estaría mal que muchos de nosotros pasásemos por cursos de formación y actualización cofrade.

Entre los dirigentes de nuestras cofradías los hay buenos, mediocres y malos, pero en ningún caso esta calificación les viene dada por su condición cultural, social o laboral.

Yo creo que es bueno aprovechar todo lo bueno de cada persona y, si es por los conocimientos debidos a sus estudios, ¡adelante!, pero si es por condición innata o de adquisición autodidacta, sin que para ello intervenga el criterio del paso por las distintas escuelas, pues ¡adelante! también.

Existen personas maravillosas en la semana santa salmantina. Tengo magníficos amigos en la semana santa salmantina. También tendré algunos excelentes enemigos, por supuesto. Pero, lo que sé con certeza es que ninguno de nosotros tuvo que pasar una reválida para el acceso a una cofradía y que todos tenemos valores más que apreciables.

No sé si mis argumentos, usados aquí de igual forma que con mi amigo, improvisados y a vuelapluma del recuerdo, convencerán a quienes esto lean, pero lo que si sé, y con certeza, es que existen excelentes dirigentes, con una dedicación admirable a sus cofradías, sin necesidad de demostrar rangos académicos como aval. Lo que sí sé, y con certeza, es que existen excelentes cofrades en nuestra semana santa que día a día demuestran mucho más de lo que podrían demostrar muchos de aquellos que presumen de títulos y diplomas.

Creo que mi amigo se equivoca. Ni a él ni a mí nos examinaron nunca para ingresar en una cofradía y los dos hemos dejado parte de nuestras vidas en ellas. Como muchos otros. Como todos.

Estoy seguro de que mi amigo se equivoca y de que es bueno que las cofradías sean como son, sin más requisitos de pertenencia que la caridad cristiana y la buena fe. Con ello se consigue que excelentes personas estén entre nosotros y que, además, puedan demostrar su capacidad de dirección, organización y trabajo. Pues no hay diploma que avale a un buen cofrade. Eso va implícito en todos nosotros. Se supone. ¿O no?

27 de agosto de 2007

NUEVO CURSO



Seguimos en agosto y se nota.

Desde que finalizase el mes de julio, apenas ha habido variación en prácticamente todos los diarios que suelo visitar. Tendré que tomármelo como algo natural. Como algo consustancial a la época estival, en la que todo parece relajarse y la flaccidez se adueña de nuestras fibras impidiendo, o al menos dificultando, un comportamiento siquiera cercano al que manifestamos el resto del año.

No obstante siempre hay cosas que contar, aunque la pereza haga que las vayamos postergando y, al final, olvidemos aquello tan importante que teníamos que contar. ¡No sería tan importante! Este será el recurso fácil que utilizaremos para, como la zorra, justificar la dejadez en nuestro diario, asemejándolo a maduras uvas inalcanzables.

Pero, hoy, en esta semana transicional entre meses, parece que todo comienza a recuperar el ritmo normal. Ese movimiento diario que imprimimos a todas nuestras acciones y que nos hace añorar, al mismo día siguiente, la relajación que acabamos de abandonar. A partir de ahora, comienzan movimientos, más o menos enérgicos, en nuestras cofradías y hermandades. A partir de ahora, algunos, los más implicados, los voluntariosos, los que verdaderamente demuestran sus ganas de trabajar durante todo el año, inician un nuevo curso, organizando actos y actividades para que, desde este mes de septiembre que ahora comienza y hasta bien pasada la cuaresma, no se pueda decir que la semana santa sólo muestra su actividad durante la Semana Santa. Lástima que este interés desinteresado no se vea recompensado, la mayor de las veces, con la respuesta del resto de nosotros, de los que tras no asistir ni participar, criticaremos duramente a esos dirigentes figurones que, en lo más íntimo de su ser, lo único que pretenden es estimularnos a la participación. Ellos seguirán estrellándose contra infinitos aguijones, mientras nosotros, la mayoría de los cofrades salmantinos, les criticaremos, segando la hierba continuamente bajo sus pies o, cuanto menos, les ignoraremos con desdén.

Sé que en algunas asociaciones y cofradías ya tienen el diseño de las actividades próximas. Y yo, siempre que mi tiempo me lo permita, intentaré reconocerles ese esfuerzo con mi presencia en sus actos. Sé que será poca cosa, pero al menos me servirá para valorar cariñosamente a los que, de forma completamente altruista, dedican su tiempo y sus ideas al resto de los cofrades salmantinos.

Así, desde esta modesta bitácora, quiero que se sepa que hay un Turista que, junto a sus compañeros de itinerario, ya ha comenzado a trabajar de cara a la próxima Semana Santa. Y lo hacen con criterio, pues no quieren que se les eche el tiempo encima y son muchas las ideas que bullen bajo los costales.

Igualmente quiero que se sepa, más bien recordar pues hace tiempo que se sabe, que la cofradía azul (como a ellos les gusta sentirse), también tiene su tiempo dedicado a preparar este mes y los que vienen. Que dedican su atención a niños y mayores con intención de hacerse presentes durante todo el año. También, por lo que he sabido, habrá quien, abandonando sus fabriles actividades en ese etéreo espacio que algunos llaman Salamora, dejará parte de su corazón entre los cofrades salmantinos, al pie del Cristo de los Doctrinos y junto al Lignum Crucis. Pues, allí estaré, si no existe impedimento.

Otros están ya preparando fiestas y festividades. Se nos vienen acontecimientos que todos esperamos como cada año. Nuestras fiestas patronales, Nuestra Señora de los Dolores, con celebraciones en la Hermandad Dominicana y en la Seráfica Hermandad del Cristo de la Agonía, la Exaltación de la Cruz, Nuestra Señora del Rosario y, seguramente, otros acontecimientos que por desconocimiento o falta de memoria no puedo reflejar.

Ahora que comenzamos a sacudirnos la galbana y a retomar nuestro día a día habitual, sólo quiero que se sepa que hay quienes, antes de que los demás hayamos siquiera deshecho las maletas veraniegas, ya están exultantemente rebosantes de actividades pensadas para los demás. Y nosotros, el resto, no sabremos o no querremos agradecérselo como merecen. Aunque no lo hagan con esa intención. ¡Lástima!


20 de agosto de 2007

DE CARA A SEPTIEMBRE

Llevaba unos días con ganas de volver a escribir, pero la relajación estival ha hecho que mi cerebro haya funcionado de forma ralentizada, por lo que la ausencia de ideas ha sido patente. Y cuando no hay nada que decir lo mejor es callarse, aunque algunos piensen que lo importante es hacer ruido aun no sirviendo de nada. Sin embargo, yo soy fiel seguidor de la máxima periodística de que el hecho de que no haya noticias es, en sí, una buena noticia (No news, good news).
Aun así, el hecho de haber estado disfrutando de relajantes playas y cálidos atardeceres en ambientes paradisíacos, no ha sido impedimento para estar al tanto de mi bitácora, de las de mis amigos y de lo que hubiera podido ocurrir en esta Salamanca cofrade a la que tanto quiero. Y se cumplió la máxima periodística. Nada nuevo en este insulso mes vacacional.
A mi regreso, con los sones de ultramar recorriendo aún mis neuronas, veo que el relajo sigue siendo el mismo, aunque ya comienzan a intuirse algunos movimientos de cara al próximo septiembre. Se acerca el siete de octubre y el morrillo de algunos ya reclama el protagonismo que ha permanecido oculto durante el verano. Así, hay quienes comienzan a preguntarse y a preguntar si este año habrá "Procesión del Rosario". Hay quienes especulan sobre este inmediato futuro y afirman, con mayor o menor grado de conocimiento real, que se hará la procesión como estos últimos años, que se hará la procesión únicamente por el Claustro de Reyes del convento de San Esteban, que no se hará procesión. Y esto combinado matemáticamente con las posibilidades de que sea en paso de costal o bien de banzos tradicionales. Y para ello, utilizan como elemento consolidante de sus argumentos a los frailes dominicos, a la Hermandad Dominicana, a los "costaleros del Rosario",...
Creo que es bueno que empiece el movimiento. Que se note que esto no está de capa caída y que sigue habiendo interés por los movimientos religiosos populares, aunque sólo sea en su vertiente popular. Ahora bien, quizá no sea tan bueno especular, haciendo crecer bolas de nieve en agosto que pudieran mover los ánimos en diferentes sentidos, no todos ellos adecuados.
Dejemos que quienes tienen en sus manos la decisión final la ejerzan con sabiduría y templanza, y que quienes están expectantes ante el suceso acepten el acaecimiento con dignidad y responsabilidad.
Aún tengo relajado el cuerpo por el tiempo estival, pero la transición es corta y en breve todos estaremos de nuevo rodando por los caminos habituales. Que este punto de partida septembrino no desestabilice lo que poco a poco parece que se va equilibrando. Dejemos las revoluciones para mejores causas, que las hay. ¿No es cierto?
Un saludo a mi regreso.

27 de julio de 2007

PRIMAVERA DEL 68

No recordarán otra primavera como aquella del sesenta y ocho.
Con la inocencia de la edad, Luisito y Fernando iban a vivir momentos mágicos que, aunque entonces aún no lo supiesen, quedarían grabados en su corazón de forma indeleble.
Mantenían una larga amistad a pesar de la edad, pues ya desde el cálido regazo materno sus vidas habían discurrido de forma paralela. Eso haría que en sus primeros años su unión fuese íntima, como si de un solo ser se tratase.
En aquellos días, sus conciencias libres aún de lastres adultos, desconocían el nombre de muchas de las cosas que hacían. Solidaridad, compromiso, entrega… Pero, ¿qué importan los nombres?
En aquellos días, oían extrañados cómo algunos adultos comentaban escandalizados la tensa situación internacional, preguntándose hasta dónde llegaría la juventud. ¡A dónde iba a llegar este mundo loco! Dany “el rojo”, el del Gran Bazar, había sido detenido junto a otros compañeros por alzar la voz en contra de la intervención en Vietnam. ¿¡Qué faltaría por ver!?
Pero Luisito y Fernando, ajenos a aquella realidad, sólo vivían pendientes de su partido de fútbol del recreo, de los cuadernos de caligrafía, de los soldaditos de plástico, de cambiar tebeos en el quiosco y, los fines de semana,… del padre Feser.
En aquellos días no hubo nada que impidiese su reunión semanal con sus compañeros, con sus amigos, con los “Cruzados de Cristo Rey”. En aquel grupo, de la mano del jesuíta padre Feser, educador inmenso y excelente persona, veintitantos muchachos vivieron sorprendentemente convencidos aquellos primeros tiempos de la época postconciliar. Confesiones comunitarias, eucaristías en pequeño grupo y trabajo social. Algo nuevo y desconocido, sobre todo para ellos, pero encantador. Visitas a hospitales y asilos. Integración de pequeños marginados. Formación en doctrina cristiana. Actividades todas ellas en las que Luisito y Fernando participaban de forma generosa, pues aún no sabían (y no lo sabrán nunca) solicitar recompensa por su entrega.
Pero eso era poco. Para ellos eso no era nada. Simplemente era su compromiso de los sábados y domingos, algo normal.
No recordarán otra primavera como aquella del sesenta y ocho.
La actividad de las últimas semanas en el grupo de “cruzados” tenía un algo frenético que los niños no alcanzaban a entender. La comunidad jesuíta, representada en el padre Feser, se preocupaba de su formación y de sus reuniones con más interés. Un interés desconocido por los chavales. Algo pasaba y Luisito y Fernando sólo sabían que algo hacía que sus cuerpos estuvieran más inquietos que de costumbre y que algunos gusanillos hubieran hecho nido en sus estómagos. ¿Por qué sería?
Un sábado, después de la misa, sin previo aviso, todos los “cruzados” fueron conducidos a una sala que jamás antes habían visitado. En su interior, una organizada revolución de telas y ropas y cajas de cartón por cuyos bordes sobresalían las suelas de raras sandalias, todo repartido por la estancia sin aparentar orden concreto.
-¡A ver!- dijo el padre Feser. -¡Un poco de silencio! ¡Por favor!- insistía y volvía a insistir el paciente padre Feser. Pero la algarabía iba en aumento. Un susurro comenzó a recorrer las infantiles gargantas …-¡vamos a hacer un teatro!-... No había otra explicación. -¡Por favor, silencio!- insistió el padre. Y, cuando la calma parecía haberse asentado en el grupo, comenzó a explicar el porqué de todos aquellos ropajes. Había túnicas blancas, sandalias, y capas rojas. Todo era para salir en procesión, les dijo el sacerdote. ¡La Procesión de Ramos! ¡¡Iban a salir en la Procesión de Ramos!!
Ninguno de los dos amigos hubiera sospechado jamás que participaría en una procesión de Semana Santa. En la procesión de los niños. El Domingo de Ramos. La mañana del Domingo de Ramos. Ahora ya sabían la causa de la actividad desconocida. Ahora sabían por qué las reuniones de los últimos días habían tenido esa intensidad que, en aquellos momentos, habían sido incapaces de comprender. Les habían estado preparando para participar en la procesión. Habían hecho una catequesis especial para la Semana Santa.
En el revuelo de la sala, cada uno se probó y probó hasta dar con las prendas adecuadas. Una túnica corta, por la rodilla, de manga también corta, con una cruz roja cosida en el pecho. Una capa roja, también corta, abrochada en su cuello. Después lo sabrían: ¡la clámide púrpura! Y sandalias. Unas sandalias de tiras de cuero que ya habían sido utilizadas por otros “cruzados”, seguramente en otras procesiones, seguramente en otros Domingos de Ramos, seguramente en otras ciudades.
Un hatillo, una bolsa y a casa.
No fueron capaces de permanecer callados un solo momento en el regreso a casa. No podían hablar de otra cosa que no fuese esa procesión; ¡LA PROCESIÓN! ¿Dónde nos pondrán? ¿Iremos juntos? ¿Nos cansaremos? ¿Durará mucho? ¿Durará poco?...
Era un continuo ir y venir por las aceras camino de casa. Carreras, cruces, saltos, empujones, empellones… No podían estar quietos.
-¡Mamá, mamá! ¿A que no sabes qué? ¿A que no sabes qué? ¡Voy a salir en la procesión de los ramos! ¡El domingo! ¡El Domingo de Ramos!- No paró de decir Luisito nada más abrir la puerta, sin dejar siquiera que su madre le diera el beso de bienvenida. –¡Mira lo que me han dado! ¡Una túnica! ¡Y capa!- Luisito era incapaz de hacer una única cosa. Hablaba mientras deshacía el hatillo y se probaba al tiempo la clámide para mostrársela a su madre. Rebosaba ilusión por todo su pequeño cuerpo infantil.
Los siguientes, fueron unos días de intensidad desconocida. Todo el mundo en casa sabía que Luisito, Luis para su padre en momentos de seriedad, iba a salir en procesión. Todo el mundo en casa sabía que Fernando, Fernandito para la abuela, iba a salir en procesión. Todo el mundo en el colegio sabía que Luisito y Fernando, Santos y Oraá para sus compañeros, iban a salir en procesión. En su primera procesión. Y todos estaban gozosos.
Por fin llegó el Domingo. Luisito ya se había puesto de acuerdo con Fernando para ir juntos, como siempre, hasta el colegio de los jesuítas, de donde partirían después todos los “cruzados” en grupo hasta la catedral. Luisito se despertó y sólo pensaba en comenzar a vestirse su túnica y su capa. –¡Luisito!, ven a desayunar, que la mañana será larga- decía su madre sabiendo que él sólo estaba preocupado por mirar el reloj a la espera de que Fernando tocase el timbre. Al final, siguiendo ese orden tan difícil de alterar cuando una madre está pendiente, Luisito ya estaba lavado, peinado, había desayunado y, sobre todo, estaba vestido. ¡Vestido de “Cruzado de Cristo Rey”!
Llegó el momento. Sonó el timbre y en la puerta estaba Fernando. Estaba lavado, peinado, había desayunado y, sobre todo, estaba vestido. ¡Vestido de “Cruzado de Cristo Rey”! ¡Los dos “Cruzados de Cristo Rey”!
Al llegar al colegio ya sabían que tenían que ir directamente a la capilla. Debían participar en una Eucaristía todos juntos, todos los “cruzados”, antes de salir hacia la catedral. Debían ir inmaculados a la procesión no sólo por fuera. Tenían que comprender el sentido de lo que iban a hacer.
Después en la catedral, todos recogieron su palma y se colocaron en orden para el desfile. A partir de aquí, todo es una nube en el recuerdo. No hay caras ni gentes. No hay calles. No hay cansancio. Todo es un recuerdo intenso colmado de felicidad. Sin más, sin detalles. FELICIDAD. Habían participado en su primera procesión. Después vendrían otras muchas, pero como aquella primera…
Fue una intensa jornada.
Y, del final, del regreso a casa, cansados, con la palma ajada, sólo les quedó un recuerdo. Los dos, ambos, se vieron como Tarsicio, con la clámide abrazando su cuerpo y el Cuerpo de Cristo protegido en su interior.
Fue un día siete. Fue en abril.
No recordarán otra primavera como aquella del sesenta y ocho.

24 de julio de 2007

ILUSIÓN DE FUTURO

Los que me conocen pueden dar fe de ello.
No nací en Salamanca, pero me considero salmantino como si aquí hubiera nacido. Es más, seguramente por haberlo pacido cual toro de la puente, soy charro hasta la médula. Lígrimo. Soy barroco y recargado, no puedo evitarlo. No quiero evitarlo.
También, los mismos, pueden corroborar que mis tres pasiones vitales son: mi familia, mi trabajo y mi Semana Santa. De la primera estoy seguro. Convencidamente seguro. De las otras dos, no sabría bien decir si este orden que aquí adjudico sería el correcto. Al menos a temporadas, la permuta en sus posiciones viene lógica y claramente marcada por el calendario.
En lo que a esta bitácora interesa, la mayor de mis pasiones es la Pasión. A ella dedico mis pensamientos. En ella he vivido toda mi vida consciente. Por ella he sufrido. Me ha dolido. La he disfrutado. Con ella he amado. La he creído. Me ha creado.
Me veo incapaz de imaginar siquiera la posibilidad de una intención negativa hacia estos días sagrados, de fe y cultura. Ni por mí, ni por cualesquiera de los que en ella vivimos. Renunciaría antes de provocar perjuicio.
Siempre creí en nuestra Semana Santa. Creo en ella. Así, sin calificativos, sin comparaciones, ni mejor ni peor que otras. Tal cuál es. Tal cuál le hemos heredado. Tal cuál la hemos hecho. Y no creo que necesite más. Mas si viene algo nuevo, si bueno, sea bienvenido. Tenemos cuanto queremos. Así lo pienso y aquí lo digo.
Pero...
Seguimos insistiendo en convocar un concurso mediocre para la elección del cartel que nos ha de dar a conocer. Seguimos contando con pregoneros de escasa talla, seleccionados más por criterios paralelos que por su valía y renombre en el mundo cofrade. Seguimos realizando un cine-fórum ambientado con proyecciones clásicas pero desfasadas, ni siquiera en acetato sino en vulgares cintas magnéticas, exitosas ciertamente entre ancianos desocupados. Limitamos la cultura musical a un concierto-recital de una banda de música de provincias, de calidad discutible y con repertorio manido, pues aun las novedades son... más de los mismo. Editamos una revista de escaso valor e interés, en la que apenas se ven representados ni el mundo de la cultura religiosa ni el de la Semana Santa salmantina actuales. Creo que merecemos algo más.
Nuestra Semana Santa es la que es, pero somos nosotros los que debemos aspirar a metas mejores. Tenemos recursos y, porque se lo debemos a quienes los generan, debemos utilizarlos aprovechándolos hasta su extremo.
Siempre he creído, y quienes me conocen así lo confirmarán, que la Junta de Cofradías tiene una función que se debería suponer diáfana. No creo que sea su misión organizar procesiones (aunque así figure en sus estatutos), ni repartir "limosnas" entre las Cofradías, ni intervenir en los actos que se le pueden y deben suponer ajenos, ni siquiera -incluso- elaborar turnos de restauración, ni, por supuesto (y valga sólo como detalle anecdótico), ser la responsable física, en la figura de su presidente, de colgar nada en las balconadas de la plaza (que no veo yo a mi alcalde subiéndose a la espadaña a picar la Mariseca el día de Santiago). Creo que la Junta de Semana Santa, nuestra Junta de Semana Santa, debería situarse en un plano superior. Creo que la Junta de Semana Santa debería ser nuestro espejo hacia el exterior, nuestra máxima representación allende fronteras, respetable y respetada. Y qué mejor que dejarse conocer por sus hechos, amén de sus personas. A estos últimos no seré yo, ahora, quien los juzgue, pero los hechos... Programas coherentes y continuados con conciertos de música sacra con conjuntos músicos o vocales de categoría, representaciones de obras clásicas por grupos reconocidos, pregoneros de enjundia, cartelería pensada para cumplir una función, exposiciones y conferencias, por supuesto participación y realce hasta el máximo esplendor para todos y cada uno de los actos litúrgicos y mucha labor de diplomacia exterior...
Todo esto supone trabajo, pero sé que hay personas dispuestas a trabajar. Todo esto supone dinero, pero habrá que convencer a las Cofradías de que la renuncia a una mísera ración individual puede suponer un más elevado beneficio final y, por supuesto, buscar nuevas subvenciones. Todo esto supone tiempo, pues ¡ahora!, que aún no es tarde para comenzar. Seguramente, los componentes de la Junta de Cofradías, tal como me ocurre a mí y nos ocurre a muchos, no se vean capacitados para seleccionar, organizar y contratar este tipo de actividades, pero no dudo de la existencia de auténticos especialistas, dentro incluso de nuestras cofradías, que solucionarían este inconveniente de forma sobresaliente. Es, creo, la forma de alcanzar verdaderamente esa internacionalidad turística que ahora reside poco más allá de nuestras monumentales piedras. Que las cofradías guarden el protagonismo que les corresponde para su momento penitencial y colaboren en esta causa común aportando su grano de arena. Simplemente dejándose guiar, apartando inútiles competiciones de actos y actividades a cual más simple y de escaso calado. Sacrificando la cantidad en beneficio de la calidad.
Seguramente es una entelequia. Quizá mi sueño se haya equivocado de diario y no sea sino humo de colores en una chimenea durmiente. Posiblemente me equivoco y debamos dejar todo como está.
Pero, insisto, aun queriendo a mi Semana Santa, aun amándola tal cuál es, creo que se puede mejorar. Creo que se debe mejorar. Creo que podemos y debemos.
Es mi ilusión.

23 de julio de 2007

ILUSIÓN DE MADUREZ

¡Cuánta razón tienen los que me quieren!
Existen momentos en los que parece que el mundo se te viene encima y la única respuesta que encuentras es la de encogerte de hombros y dejar que pase el temporal. Parece que te haces cada vez más pequeño y que ese estado menguante te muestra más vulnerable al mundo exterior. Es en esos momentos en los que cedes ante el vocerío ajeno y renuncias a continuar, no por pérdida de interés, sino por no querer nivelarte con unos raseros que jamás sospechaste cercanos.
Hay veces, muchas veces, que en nuestra Semana Santa lo que parece ser más válido es lo que es defendido con más ardor, sin tenerse en cuenta si los argumentos son los más adecuados, o incluso si estos argumentos pueden ser defendidos de forma razonada. La capacidad de imponer criterios basada en la defensa motivada de nuestros argumentos pasa obligatoriamente, además, por poseer un buen chiflo, pues el ser capaz de aturdir a los demás con estridencias sin sentido se acepta como uno de los mejores argumentos.
No he pasado, o al menos no lo pretendí si lo hice, por ser persona de tonos elevados o defensor de causas sin aportar razones. Aun considerando que, por su simplicidad, la razón de la fuerza es una capacidad accesible a casi todo ser humano, jamás la tuve por propia y siempre he creído que se tiene más capacidad de convicción con el ejercicio de la razón. Pero esto, en nuestra Semana Santa, hay veces que no es sino un imposible.
Es cierto que somos muchos, seguramente cada vez más, los que defendemos nuestras causas sin aspavientos ni alharacas, pero aún seguimos en minoría. Es cierto que somos muchos los que pretendemos que, por la vía del convencimiento, los no adheridos a esta causa vean su eficacia y vayan, poco a poco, asumiéndola como propia. Pero esta Semana Santa nuestra, es una Semana Santa de blancos y negros, de intransigencia secular, de rencores eternos y venganzas prontas, que no admite la templanza sino como muestra de debilidad y en la que los moderados serán acusados siempre de no abrazar las causas con el ardor que se les debería suponer. Porque, aun manso, uno se tiene que defender en tablas y al menos aparentar fiereza a costa de que se adivine la querencia. Si no, serás un blando incapaz de ponerte con claridad a uno u otro lado.
Con todo esto en mi derredor, hay momentos en los que la decepción es más fuerte que las ilusiones y me hace ver las cosas a través de oscuros vidrios. Pero no deja de ser algo pasajero que, gracias a muchos, incluso sin ellos saberlo, queda pronto arrinconado para seguir sintiendo el estímulo de los optimistas.
¡Cuánta razón tienen los que me quieren!
A pesar de todo, quiero dejar constancia de que es más, mucho más, todo aquello que tiene capacidad de ilusionarme que todo lo demás, condicionado negativamente por unos pocos. Quiero que se sepa que aunque posiblemente ya no tenga la inocente ilusión de juventud, que algunos intentan aparentar aun a costa de ridiculizarse, mantengo una inmensa fe en los que sí que pueden defender su ilusión con jóvenes razones.




Quiero que se sepa que somos muchos los que defendemos una causa joven en la que, aun reconociendo la necesidad de la experiencia, son importantes las razones. No es la edad el único baluarte de los faltos de ideas, por supuesto, aunque muchos se agazapan en su interior. No es la juventud sinónimo de vitalismo renovador y de nuevos argumentos, pero tampoco debemos menospreciar a los que con más que sobrada capacidad muestran como único defecto el de de su "corta" edad. Es, en definitiva, la razón de la juventud de la razón. ¿Por qué no dejar que nos muestren todo lo que tienen para enseñarnos?
Es cierto. Lo habéis dicho. Nunca es tarde para dejarse atrapar. Jamás se debe renunciar a la belleza de lo que amamos. No dejaré que "lo otro" me tome al asalto sin oponer resistencia. Defenderé mi ilusión con la fuerza de la razón. Intentaré ilusionar a mis hijos y que ellos sean capaces de transmitirse a los demás. Y les enseñaré cómo el anaranjado puede mostrarnos muchas bellezas cuando se encuentra con las calles salmantinas en amaneceres únicos. Y los disfrutaré. Y los disfrutaremos. Y será Semana Santa. Y, de nuevo, será Viernes Santo.
Quiero que se sepa que no renuncio a mi ilusión madura. Que no renuncio a mi convencimiento. Que no renuncio a mi convicción. Que tropecé y tropezaré muchas veces. Que muchos pondrán piedras en el camino. Pero que siempre intentaré levantarme y seguir. Con ilusión. Y siempre habrá alguien dispuesto a darme la mano para ayudarme. Y, por qué no, será joven y tendrá razones.
No perdí la ilusión. Me la habían escondido.